El Papa ha recurrido a los místicos abulenses en varias ocasiones a lo largo de su viaje apostólico a España, convirtiendo a Teresa de Jesús y a Juan de la Cruz en referencia constante de su mensaje

El papa León XIV puso el broche final a su estancia en Madrid con un gesto que no ha pasado desapercibido para la Diócesis de Ávila: en el corazón del estadio Santiago Bernabéu, ante decenas de miles de fieles de las diócesis madrileñas reunidos en un encuentro festivo y multitudinario con la comunidad diocesana, el Santo Padre recurrió a las palabras más conocidas de Santa Teresa de Jesús para animar a los creyentes. «¡Nada os turbe, nada os espante!», proclamó, arrancando una de las ovaciones más calurosas de la noche. Lo insertó de forma muy significativa en su discurso: justo antes de esa cita teresiana, animó a los fieles a ofrecer el testimonio evangélico que desata las mejores fuerzas de una humanidad hambrienta de justicia y sedienta de verdad, usando las palabras de Teresa como impulso y aliento pastoral.
No fue una cita aislada ni improvisada. A lo largo de todo el viaje apostólico a España —que se extendió del 6 al 12 de junio—, León XIV ha convertido a los dos grandes místicos nacidos en tierras abulenses en hilo conductor de su mensaje.
Un hilo teresiano y sanjuanista que comenzó en el Palacio Real
Desde el primer momento de su visita, el Papa dejó claro que Santa Teresa y San Juan de la Cruz no eran para él simples referencias históricas. En su discurso inaugural ante los Reyes de España y el Cuerpo Diplomático en el Patio de Armas del Palacio Real, León XIV dedicó un extenso pasaje a «dos figuras de este país que desde hace cinco siglos nutren la vida de la Iglesia y la búsqueda espiritual de muchos, incluso más allá de sus fronteras visibles», definiéndolos como «amigos en la pasión por el misterio divino». Los presentó como maestros de una «mística con los ojos abiertos», una espiritualidad arraigada en la realidad capaz de responder a las grandes preguntas del ser humano. En ese mismo discurso, el Pontífice reconoció expresamente el Año Jubilar de San Juan de la Cruz, dando proyección internacional a unas conmemoraciones cuyo epicentro es precisamente la Diócesis de Ávila, y llegó a citar directamente la Noche oscura del alma para hablar de «las tensiones que hacen tan oscura nuestra época».
Los místicos abulenses volvieron a resonar el domingo 7 de junio, durante la misa del Corpus Christi en la plaza de Cibeles, donde León XIV pidió que «la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy», con una mención expresa a San Juan de la Cruz en la homilía, y entonando el «Nada te turbe» al inicio de la procesión del Corpus.
Y esa misma tarde, en el Movistar Arena, de nuevo citó a los místicos abulenses, señalando que la proclamación del Evangelio y la conciencia de la fraternidad se han expresado históricamente a través de la poesía mística y la maestría literaria de autores como santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz. Una constante a lo largo de toda su visita que no ha pasado desapercibida para los abulenses presentes en el acto.
Finalmente, en el histórico discurso pronunciado en el Congreso este lunes, de nuevo se escuchó el nombre de la Santa andariega, de la que destacaba su «hondura espiritual» como clave para entender la contribución de los españoles a mirar al hombre como algo más que una pieza del sistema.
El Bernabéu: el cierre del círculo
El lunes 8 de junio, en el encuentro con la comunidad diocesana de Madrid —la última gran cita del Papa en la capital—, Teresa de Jesús regresó una vez más. En un discurso de tono cercano y festivo, centrado en la comunión, la escucha y la alegría de ser Iglesia, León XIV enlazó el «Nada os turbe» teresiano con su llamada a no encerrarse en entornos seguros y a salir al encuentro de una ciudad hambrienta de esperanza: «Juntos, como Iglesia diocesana, podéis ofrecer el testimonio evangélico que desata las mejores fuerzas de una humanidad bombardeada de imágenes y palabras, pero hambrienta de justicia y sedienta de verdad».
El Papa animó a los fieles a acoger los nuevos comienzos «no como una excepción, sino como la regla de la misión», y cerró su intervención con una imagen de gran fuerza: «Sed, para todos, como una Biblia abierta: que en vuestros rostros y en vuestra vida se pueda encontrar la Palabra de Dios».
Un reconocimiento que llega a Ávila
Para la Diócesis de Ávila, estas reiteradas menciones del Papa suponen un reconocimiento de primera magnitud al legado espiritual y cultural que custodia. Teresa de Jesús y Juan de la Cruz no son solo patrimonio de la Iglesia universal: son hijos de esta tierra, y su mensaje sigue resonando —ahora desde el Bernabéu— como brújula para los tiempos que vivimos.