
En su primer discurso oficial en España, pronunciado esta mañana en el Patio de Armas del Palacio Real de Madrid ante los Reyes, las instituciones del Estado y el Cuerpo Diplomático, el papa León XIV dedicó un extenso y emocionado pasaje a dos figuras nacidas en tierras abulenses: Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. El Pontífice los presentó como maestros de primera necesidad para una época marcada por la desorientación, las polarizaciones y la oscuridad moral.
Un Papa agustino que llega con Teresa y Juan de la mano
León XIV —el primer Papa de la Orden de San Agustín en la historia— eligió citar expresamente a cuatro santos españoles para vertebrar su primera alocución en suelo español: el apóstol Santiago, Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz y San Ignacio de Loyola. No es un detalle menor. Que los dos grandes místicos abulenses del siglo XVI figuren en las primeras palabras de un Papa en España subraya la vigencia universal de su legado y, de manera particular, la relevancia de la Diócesis de Ávila en el mapa espiritual de la Iglesia.

Las palabras del Papa: texto íntegro del fragmento sobre los santos de Ávila
El Papa introdujo la referencia a ambos santos dentro de una reflexión sobre la necesidad de cultura, interioridad y trascendencia frente a las crisis de nuestra época. Este es el pasaje en su integridad:
«A este respecto, quisiera referirme a dos figuras de este país que, desde hace cinco siglos, nutren la vida de la Iglesia y la búsqueda espiritual de muchos, incluso más allá de sus fronteras visibles. Se trata de Juan de la Cruz y Teresa de Ávila, que se hicieron amigos en la pasión por el Misterio divino. La suya es una mística con los ojos abiertos, es decir, no ajena a la historia, sino que, por el contrario, lleva a la raíz de las cuestiones, al corazón de la realidad.
En particular, al interpretar las transformaciones y soportar las tensiones que hacen tan oscura nuestra época, nos ayuda el tema de la noche, tan querido por san Juan de la Cruz, cuyo año jubilar estamos celebrando. En su sed de luz, paradójicamente, aprendió a apreciar la oscuridad —’noche dichosa’ (Noche oscura, 3)— como el tiempo en que el alma se libera de lo que presumía de conocer y poseer.
También hoy lo que más nos asusta, lo que en muchos provoca la oscuridad de la razón y la violencia de las emociones, es lo desconocido, ante lo cual puede prevalecer la sensación de no tener ya mapas, la desorientación. Por eso se necesitan, también en la vida pública, hombres y mujeres que intuyan, en la oscuridad, la luz; en el fin, un posible comienzo, casi el irrumpir de una verdad como luz que aún ciega, pero que —si confiamos y encontramos paz— nos llevará delicadamente hacia sí misma: ‘¡Oh noche que guiaste! ¡Oh noche amable más que la alborada! ¡Oh noche que juntaste / Amado con amada, / amada en el Amado transformada!’ (ibíd., 5).»
Acto seguido, el Pontífice extendió la reflexión hacia Santa Teresa y el Castillo Interior:
«Santa Teresa describe este mismo itinerario con la imagen del castillo interior. Avanzando de habitación en habitación hacia el lugar más íntimo —es decir, cada uno hacia su propio corazón, santuario de la verdad—, el espacio se amplía, la mente se abre, las contradicciones se resuelven, las tensiones se disuelven, los demás encuentran su lugar, el universo se convierte en hogar. No se trata de una huida intimista, sino de una apertura radical al totus Alius et semper Novus (completamente diferente y siempre nuevo), que se realiza cuando volvemos a nosotros mismos. Esta dimensión del ser humano es la razón por la que hay que proteger la libertad religiosa y de conciencia.»
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Claves para entender el mensaje pontificio
Una mística «con los ojos abiertos». León XIV rechaza expresamente cualquier lectura escapista o meramente intimista de Teresa y Juan. Su mística, subraya, «lleva a la raíz de las cuestiones, al corazón de la realidad». Es decir, lejos de apartarse del mundo, estos santos son propuestos como maestros de discernimiento para leer el tiempo presente.
El Año Jubilar de San Juan de la Cruz. El Papa reconoce explícitamente que este año se celebra el Año Jubilar del santo de Fontiveros, lo que convierte su discurso en un respaldo institucional de primer orden a las conmemoraciones que tienen como epicentro la Diócesis de Ávila y la provincia. Esta mención desde el Palacio Real da proyección internacional a la efeméride.
La «noche oscura» como clave contemporánea. Citando directamente la Noche oscura del alma en dos ocasiones y reproduciendo parte del poema en su discurso, el Pontífice ofrece la experiencia espiritual de Juan de la Cruz como herramienta de comprensión para «las tensiones que hacen tan oscura nuestra época», para la desorientación social y política, y para quienes sienten que han perdido los mapas. Es un mensaje que trasciende lo religioso y se dirige a la sociedad en su conjunto.
El Castillo Interior, imagen política y espiritual. Al incorporar la metáfora teresiana del Castillo interior en un discurso ante jefes de Estado y diplomáticos, el Papa propone el recogimiento interior no como virtud privada sino como condición de una vida pública sana: el que avanza «de habitación en habitación» es capaz de que «las contradicciones se resuelven, las tensiones se disuelven, los demás encuentran su lugar».
La amistad entre Teresa y Juan. León XIV subraya que ambos santos «se hicieron amigos en la pasión por el Misterio divino», recordando el vínculo personal que los unió en Ávila y Medina del Campo a partir de 1567. Una amistad que el Papa eleva a modelo de relación nacida no del interés sino de la búsqueda compartida de la verdad.
Contexto y significado para la Diócesis de Ávila
Las palabras del Papa cobran un significado especial para la Diócesis de Ávila, que custodia el legado vivo de ambos santos. Santa Teresa nació en Ávila en 1515 y allí fundó el primer convento de la Reforma carmelitana, San José, en 1562. San Juan de la Cruz nació en Fontiveros (Ávila) en 1542, y fue en Ávila donde Teresa y Juan se conocieron y comenzaron su colaboración reformadora. La diócesis es, en este sentido, tierra natal de los dos maestros espirituales que el Papa ha puesto hoy ante el mundo como guías para el siglo XXI.
La cita pontificia llega, además, en el marco del Año Jubilar de San Juan de la Cruz, que la Diócesis de Ávila viene celebrando con una amplia programación litúrgica, cultural y pastoral. Que el primer Papa de la historia en visitar España en quince años haya recordado expresamente esta efeméride en su discurso de apertura constituye un reconocimiento de alcance mundial.