Ávila se rinde a su patrona: fervor desbordante en el día grande de Santa Teresa

Foto: Gonzalo G. de Vega

Ni un solo asiento libre, las naves abarrotadas como hacía años que no se recordaba y un gentío entregado que convirtió el templo en un clamor. La Catedral de Cristo Salvador ha vivido este jueves una de las Eucaristías en honor a Santa Teresa de Jesús más multitudinarias que se recuerdan, congregando en torno a 2.000 fieles y peregrinos (muchos de ellos llegados de tierras tan lejanas como Francia o Filipinas) bajo el hechizo de la «Andariega». Una jornada redonda que, con un sol radiante y temperaturas veraniegas, dio paso a una procesión inolvidable por el corazón de la ciudad.

La solemne celebración estuvo presidida por Mons. José Luis Serrano Pentinat, obispo de la Seo de Urgell y copríncipe de Andorra, quien viajó acompañado por una nutrida peregrinación de su propia diócesis. Junto a él, concelebraron el obispo de Ávila, Mons. Jesús Rico García (que celebraba hoy también su cumpleaños), y el cardenal arzobispo emérito de Valladolid, el abulense Mons. Ricardo Blázquez, arropados por casi un centenar de sacerdotes y religiosos, con una destacadísima representación de la Orden del Carmelo Descalzo. Los primeros bancos reflejaban también la amplísima presencia de autoridades civiles, militares y académicas que no quisieron perderse la cita grande de la capital amurallada.

Revitalizar la misión en «tiempos recios»

Abriendo el compás de la celebración, el obispo de Ávila, Mons. Jesús Rico García, dio una calurosa bienvenida a los asistentes invitando a ir «construyendo una iglesia misionera, con puentes abiertos a todos aquellos que necesitan nuestra caridad, nuestra presencia, diálogo y amor».

Don Jesús señaló que «hoy la Iglesia nos invita a volver nuestra mirada a Santa Teresa, nuestra patrona, que es un ejemplo de amor la Iglesia», al tiempo que llamaba a «revitalizar la vida y la misión desde la experiencia de Dios». En su alocución, recordó la eterna vigencia de aquella máxima teresiana para los momentos de dificultad: «En tiempos recios, amigos fuertes de Dios», pidiendo «no conformarnos con una vida mediocre y sin aspiraciones» y urgiendo a «esforzarnos en crecer en una profunda vida de amistad con Cristo» cuando el «amor a la Iglesia se desdibuja o podemos caer en sectarismo». El prelado insistió en que, «también en momentos difíciles y duraderos», resuena el eco de la Santa: «quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta»: una presencia de Dios entre nosotros que debemos saber contemplar «en medio de nuestros afanes y luchas», pues «Dios permanece, su amor no depende de nuestros estados de ánimo. Cristo sigue contando con nosotros».

Mons. Serrano Pentinat: «Enamorémonos de la misión»

Tomando el testigo de la gran mística abulense y profundizando en su comentario del Padre Nuestro en el Camino de Perfección, Mons. José Luis Serrano Pentinat tejió una profunda homilía en la que retrató a una Santa Teresa que, aun remontándose a las cumbres de la contemplación, «no pierde el sentido común y la naturalidad en la vida cotidiana. Es una mujer del pueblo y es una mujer que camina, que anda. Teresa de Jesús sabe y enseña a tratar con un amigo, Jesús, y en este trato de amistad se entrega al Padre, al Padre del Amigo, que también es su Padre».

Frente a las prisas del siglo XXI, el obispo de Urgell contrapuso el remanso de la oración, entendida por la Santa de Ávila como una amistad cercana con el Señor. Una experiencia divina que se verifica en la sencillez del día a día, en el lugar de trabajo y en las calles abulenses, conectándola con la «oración de quietud» en un mundo acelerado: «En un mundo que tiene prisa nosotros, hijos de Dios, somos llamados a saborear el camino que hacemos». Una contemplación que no es una vivencia intimista o meramente emotiva, sino una «presencia interior» que santifica y se trasluce en las relaciones humanas: «No vivimos de sentimientos, vivimos de sustancias llenas de amor que se manifiestan en la familia, en la comunidad religiosa, en la comunidad de compañeros de trabajo, en la comunidad parroquial. Ahí es donde nosotros nos hacemos hermanos». E invitó a todos a descubrir los «sorbos de Dios» en la cotidianeidad de nuestra vida.

Llamando a pasar de la plegaria al compromiso vital bajo la divisa de la «determinada determinación» teresiana, Mons. Serrano apeló a la Iglesia diocesana y a toda la Iglesia universal a ponerse en camino, cultivando una espiritualidad encarnada centrada en «contemplar la humanidad de Jesús de Nazaret, del hombre encarnado». Rememorando el lema pastoral de la Conferencia Episcopal, «Poneos en camino», animó a no mirar atrás en la vida y a lanzarse con valentía a la labor evangelizadora: «Nosotros somos misioneros cuando caminamos como la andariega por estos valles, por estas montañas, atravesando toda España para anunciar el amor de Dios […]. Determinarse a orar es determinarse a amar al Señor con todo».

Una invitación firme a salir nosotros también como Teresa de Jesús por los caminos, respondiendo al llamado del Señor sin reservas para la construcción de su Reino, como hizo la Santa al ponerse al servicio divino: «¿Qué mandáis hacer de mí?». «Esta es la hora del amor. Acojamos el amor del corazón de Cristo. Devolvamos amor por amor para enamorar el mundo», animaba el obispo de Urgell a los presentes.

Una homilía que concluyó invocando también la oración por la salud y el pastoreo del Papa León XIV, y una exhortación vibrante recogiendo las palabras del Papa Francisco a ponernos en camino con «la Andariega castellana»: «La dificultad hoy consiste en transmitir pasión a quienes hace tiempo la perdieron. Enamorémonos de la misión».  

Devoción y júbilo en las calles

Terminada la Eucaristía, la fiesta se desbordó al exterior. Las calles del centro histórico de Ávila, abrigadas por un calor poco habitual y un sol radiante, se convirtieron en un hervidero de devoción. Miles de vecinos y visitantes arrojaron vítores y rompieron en continuos aplausos al paso de las imágenes de Santa Teresa y la Virgen de la Caridad.

El colorido cortejo estuvo formado por las Cofradías de Gloria y las hermandades penitenciales, acompañadas por los grupos Scouts y la comunidad académica de la Universidad Católica de Ávila (UCAV) con su rectora al frente. Puso el broche de oro y el compás más marcial el Cuerpo de Intendencia del Ejército de Tierra (del que la Santa es patrona infatigable), desfilando con paso firme ante la imagen de la Doctora de la Iglesia para clausurar una jornada histórica que Ávila guardará en la memoria.