Ávila en Cibeles: el Papa cita de nuevo a San Juan de la Cruz, en la histórica Misa del Corpus ante más de 1.400.000 personas

El Santo Padre recuerda al místico abulense desde el altar de Madrid en la que es la mayor celebración eucarística de la historia de España. Los obispos de Ávila concelebraron junto a S.E.R. el Cardenal Blázquez, y el espectacular coro entonó el «Nada te turbe» al inicio de la procesión.
El Papa León XIV, en el altar de Cibeles (Foto: Laura García/Diócesis de Segovia)

La plaza de Cibeles de Madrid ha sido hoy escenario de una celebración eucarística sin precedentes en España. Más de un millón cuatrocientas mil personas han acompañado al Papa León XIV en la Misa de la Solemnidad del Corpus Christi, en una jornada que ha tenido para la Diócesis de Ávila un significado especialmente profundo: por segunda vez en dos días, el Pontífice ha vuelto los ojos hacia los grandes místicos abulenses del siglo XVI.

La cita de San Juan de la Cruz, en el corazón de la homilía

En su homilía, y en el contexto de su reflexión sobre la Eucaristía como fuente que alimenta sin imponerse y que visita los rincones más oscuros de la historia humana, el Papa León XIV citó expresamente los versos de San Juan de la Cruz: «Qué bien sé yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche» (Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe). Lo hizo con un detalle que emocionó a quienes conocen la biografía del Doctor Místico: el Pontífice situó la composición del poema en la prisión conventual de Toledo, donde Juan de la Cruz estuvo encarcelado en condiciones durísimas, «precisamente en torno al Corpus Christi de 1578». Desde aquella celda oscura, apuntó el Papa, el santo «reconoce la presencia escondida del Señor, de la que brota una luz que no conoce ocaso y mana una vida que no se agota».

Jesús Eucaristía, prosiguió el Pontífice siguiendo el hilo del poeta fontivereño, es «aquella eterna fuente que está escondida», fuente que corre y apaga la sed «sin deslumbrar, sin imponerse con poder exterior, sin presentarse de modo espectacular».

Ávila, muy presente en Cibeles

La Diócesis de Ávila tuvo una presencia destacada en la celebración. Entre los numerosos obispos y cardenales de toda España que concelebraron la Misa figuraron el obispo de Ávila, Monseñor Jesús Rico, a quien los fieles abulenses pudimos ver asimismo en la posterior procesión del Corpus acompañando al Papa; el obispo emérito de Ávila, Monseñor Jesús García Burillo; y el también abulense Cardenal Ricardo Blázquez.

Mons. Rico, en la procesión del Corpus en Madrid con el Papa (Foto: Gonzalo G. de Vega/Diócesis de Ávila)

La emoción abulense alcanzó además su punto más lírico al inicio de la procesión eucarística, cuando el espectacular coro de la Misa —integrado por cerca de cuatrocientas voces procedentes de diversas realidades eclesiales de toda España— entonó el Nada te turbe, el célebre poema de Santa Teresa de Ávila, mientras la custodia comenzaba a recorrer las calles de Madrid.

Imagen del coro de la Misa del Corpus en Madrid, que ha entonado el «Nada te turbe» de Santa Teresa (foto: Laura García/Diócesis de Segovia)

Un Papa que mira a Ávila

La cita de esta mañana no es un hecho aislado. Ya ayer, sábado 6 de junio, en su primer discurso oficial en suelo español —pronunciado en el Patio de Armas del Palacio Real ante los Reyes, las instituciones del Estado y el Cuerpo Diplomático—, León XIV había dedicado un extenso y emocionado pasaje a Santa Teresa de Jesús y a San Juan de la Cruz, presentándolos como «maestros de primera necesidad» para una época marcada por la desorientación y las polarizaciones. El Pontífice reconoció expresamente el Año Jubilar de San Juan de la Cruz, cuya celebración tiene como epicentro la Diócesis de Ávila, otorgando proyección internacional a una efeméride que nos pertenece de manera particular. Más tarde, en la Vigilia con los jóvenes en la Plaza de Lima, volvió a evocarles: «La suya es una mística con los ojos abiertos, no ajena a la historia, sino que llega a la raíz de las cuestiones, al corazón de la realidad».

Que el primer Papa de la Orden de San Agustín en la historia haya elegido a los dos grandes místicos abulenses del siglo XVI para vertebrar su mensaje en España no es un gesto retórico. Es el reconocimiento, en el más alto nivel de la Iglesia, de que Teresa y Juan siguen siendo hoy una brújula espiritual de alcance universal. Y es, al mismo tiempo, un motivo de profunda gratitud y renovado compromiso para la Diócesis que tiene la gracia de custodiar su herencia.