“No podemos hablar de vida cristiana sin la cruz”

Foto: Gonzalo G. de Vega

La Catedral de Ávila ha celebrado este Viernes Santo, a las cinco de la tarde, los Santos Oficios de la Pasión del Señor, en una liturgia marcada por el silencio, la sobriedad y la contemplación del misterio de la cruz.

La celebración ha comenzado en completo silencio, con el altar desnudo, signo de que en este día la Iglesia no celebra la Eucaristía. A su llegada al presbiterio, Mons. Rico se ha postrado durante unos instantes, mientras los fieles permanecían de rodillas, en un gesto de profunda reverencia ante el misterio que se conmemora.

En su homilía, el prelado ha centrado su reflexión en el sentido cristiano de la cruz, recordando con claridad que “no podemos hablar de la vida cristiana sin dar sentido a la cruz de la vida, porque nadie está exento de la cruz”. Una afirmación que ha situado el sufrimiento humano dentro del horizonte de la fe, como realidad compartida por todos.

El obispo ha explicado que, ante la dificultad y el dolor, el cristiano está llamado a adoptar una mirada nueva, aprendiendo a situarse junto a Cristo: “Solo poniéndonos detrás de Jesús, mirando con los ojos de Jesús, podemos comprender”. De este modo, ha invitado a los fieles a no rechazar la cruz, sino a descubrir en ella un camino de seguimiento y de transformación interior.

En esta línea, ha animado a contemplar en Cristo crucificado los propios sufrimientos y los de los demás, señalando que en Él están presentes “nuestras flaquezas, nuestros dolores y los dolores de los que nos rodean”. Desde ahí, ha recordado la llamada evangélica a la confianza: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”, subrayando que el Señor sostiene y acompaña en medio de la carga.

Finalmente, ha exhortado a los fieles a vivir la cruz desde la esperanza, pidiendo “que sepamos acogerla y transformarla en don generoso”, dejando que el Señor conceda “la luz y la gracia” necesarias para vivir en actitudes de amor y de paz, incluso en medio de las dificultades.

Tras la homilía ha tenido lugar la adoración de la cruz, uno de los momentos más significativos de la celebración. La cruz ha sido presentada ante los fieles con el canto “Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo. Venid a adorarlo”. El obispo ha sido el primero en acercarse, inclinándose y besando la imagen de Cristo, seguido por los fieles, que han expresado así su fe y veneración.

La liturgia ha continuado con la comunión, para la que se ha trasladado el Santísimo Sacramento desde el monumento instalado en la capilla de San Segundo, donde fue reservado tras la celebración del Jueves Santo.

La celebración ha concluido del mismo modo en que comenzó, en silencio, dejando a los fieles en actitud de espera y esperanza ante la Vigilia Pascual, que se celebrará mañana a las diez de la noche en la Catedral, culmen de la fe cristiana.