La catedral de Ávila acogió el domingo una eucaristía muy participada, con numerosa presencia de jóvenes venidos desde Las Navas del Marqués

La Diócesis de Ávila celebró ayer domingo la ordenación diaconal de Ismael Peña, natural de Las Navas del Marqués, en una emotiva eucaristía presidida por el obispo de Ávila, Mons. Jesús Rico, en la catedral de Ávila. La celebración contó también con la concelebración del obispo emérito (Mons. García Burillo), y con una nutrida presencia de sacerdotes del presbiterio abulense.
La catedral se llenó de vida y de fe. Fueron muchos los fieles que quisieron acompañar a Ismael en este momento tan significativo de su vida, con una presencia especialmente notable de jóvenes llegados desde Las Navas del Marqués, su localidad natal. Entre los asistentes en el presbiterio se encontraba también su párroco, Juan Manuel Manjón, quien siguió cada momento de la celebración visiblemente emocionado, consciente del papel que ha jugado en el camino vocacional del nuevo diácono.
En su homilía, monseñor Rico tomó como punto de partida el envío de los discípulos narrado en el Evangelio de Mateo para reflexionar sobre el sentido del ministerio diaconal. El obispo subrayó que Jesús, movido por la compasión ante el cansancio y las heridas de las personas, llama a hombres sencillos —con límites, con miedos, con historias complejas— y les confía su misma misión: curar, servir y anunciar que el Reino de Dios está cerca. «La misión nunca es para buscar prestigio, poder o reconocimiento, sino para servir, para sanar y para acompañar», afirmó el prelado.
Dirigiéndose directamente al ordenando, monseñor Rico le recordó que desde ese día, al igual que Pedro, Andrés o Mateo, Ismael es «nada más y nada menos que un servidor de la comunidad cristiana», y que su entrega al ministerio es, ante todo, una entrega confiada al Señor y a su Iglesia. Le animó a escuchar y vivir la Palabra antes de proclamarla, y a apoyarse en la oración humilde y constante como garantía de fidelidad: «Tú y nosotros somos débiles e inestables. Él es fuerte y estable en su amor. Él es fiel».
«Sé de quién me he fiado»
Al concluir la eucaristía, fue el propio Ismael quien tomó la palabra para dirigirse a quienes le habían acompañado hasta ese momento. Lo hizo desde la sencillez y la gratitud, tomando como hilo conductor la frase evangélica «Sé de quién me he fiado». Recordó que durante mucho tiempo no había querido escuchar aquella llamada, pero que el Señor había esperado con paciencia, haciéndose presente a través de múltiples voces. Entre todas ellas, quiso destacar especialmente la de su párroco, Juan Manuel Manjón: fue él quien supo poner palabras a lo que Ismael nunca había llegado a plantearse por sí mismo, y quien con paciencia, cariño y tesón logró que aquella vocación primera calara hondo. «Aunque no conozco el camino, sí sé quién me acompaña en cada momento, que es el Señor», afirmó el nuevo diácono.
Ismael quiso dar las gracias a quienes han formado parte de este camino: en primer lugar, a su familia —«el primer lugar donde crece la fe, un hogar humilde y sencillo, pero lleno de amor»—; a sus amigos (con un guiño especial a la peña de Las Navas del Marqués); a su párroco, junto a quien creció en la fe como miembro del coro parroquial y como catequista; y a los formadores del seminario, a quienes reconoció que «aquel Ismael que entró hace siete años no es el mismo que ahora se ordena diácono». Con esa misma humildad, se puso al servicio de toda la Iglesia, para lo que desde hoy está llamado como diácono.
Fotos: Gonzalo G. de Vega para Diócesis de Ávila




























