Los laicos de la diócesis peregrinan a Fontiveros en la víspera de Pentecostés

La localidad de Fontiveros acogió este pasado sábado el tradicional Encuentro Diocesano de Apostolado Seglar en la víspera de Pentecostés, una cita que este año tuvo además un carácter especialmente significativo al coincidir con el encuentro diocesano de final de curso pastoral y con la celebración del Año Jubilar Sanjuanista.

Cerca de un centenar de peregrinos llegados desde distintos puntos de la diócesis participaron en esta jornada de convivencia, reflexión y oración organizada bajo el lema de la campaña del Día del Apostolado Seglar de este año: “Pueblo de Dios que sale al encuentro”.

La jornada comenzaba bajo un cielo radiante y altas temperaturas en la casa natal de Juan de Yepes, quien más tarde sería conocido como San Juan de la Cruz. Allí, la profesora de la Universidad Católica María Jesús Carravilla ofreció una reflexión sobre la figura del santo, uniendo su profunda espiritualidad con los paisajes de la tierra que le vio nacer y crecer, en el norte de la provincia de Ávila. Durante su intervención destacó cómo ese entorno marcó no solo su experiencia interior y mística, sino también su dimensión literaria, siendo considerado uno de los grandes escritores de la lengua española.

Posteriormente, los asistentes realizaron una visita cultural por las calles de la localidad morañega hasta llegar a la parroquia de San Cipriano, templo jubilar de este Año Santo convocado con motivo del 300 aniversario de la canonización del santo y del centenario de su proclamación como doctor de la Iglesia.

En la puerta del templo, los peregrinos fueron recibidos por el párroco de la localidad, don Óscar, quien les dio la bienvenida antes de realizar una breve celebración introductoria para cruzar de forma simbólica la Puerta Santa y acceder al interior de la iglesia.

Durante la eucaristía jubilar, el sacerdote reflexionó sobre la importancia de los laicos y de testimoniar la fe en los ambientes actuales, siguiendo el ejemplo de San Juan de la Cruz. En su homilía recordó que “el alma sólo progresa cuando se concentra en buscar sólo a Dios dejando atrás todos los apegos para ser libres, porque el corazón disperso avanza poco”.

Aquellos fieles que habían cumplido las condiciones habituales establecidas por la Iglesia —entre ellas la confesión sacramental, que pudo realizarse antes de la celebración— pudieron ganar las indulgencias plenarias propias del Jubileo. Al término de la eucaristía, los asistentes veneraron una reliquia del santo.

La jornada continuó con una pequeña ofrenda floral a la imagen de San Juan de la Cruz que corona el centro de Fontiveros. Después, tras la comida fraterna y ya por la tarde, se desarrolló una sesión de “conversación en el Espíritu”, metodología que obtuvo una gran acogida durante la reciente Asamblea de la Iglesia en Castilla. Divididos en pequeños grupos, los participantes discernieron sobre cuál debe ser hoy el papel singular de los laicos en sus distintos ámbitos de vida: en las parroquias, movimientos, familias, centros educativos o espacios de trabajo.

La reflexión giró en torno a cómo vivir una fe encarnada en la realidad cotidiana y cómo responder a la llamada a “salir al encuentro” en medio de la sociedad actual, especialmente en un contexto marcado por la necesidad de testimonio cristiano cercano y comprometido.

El encuentro concluyó con la celebración de las vísperas de Pentecostés, poniendo el broche espiritual a una jornada vivida desde la fraternidad, la comunión y la escucha del Espíritu Santo, cuyo soplo sigue impulsando la vida y la misión de la Iglesia.