
Ávila tiene presencia en Roma. Y no solo en los libros de historia o en el nombre de Santa Teresa, que tanto resuena en la Ciudad Eterna. También en jóvenes como Rodrigo Serrano, legionario de Cristo de 25 años, abulense de corazón, que cursa sus estudios de filosofía y teología en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum y que la semana pasada se acercó hasta su ciudad natal para celebrar la festividad de la Virgen de las Vacas, una devoción que, confiesa, es un pilar fundamental en su vocación.
Rodrigo pasó por los micrófonos del programa El Espejo de Ávila, de la Cadena COPE, donde compartió su experiencia de vida religiosa y formación en la sede del catolicismo mundial. Con cinco años ya de vida consagrada —noviciado en Navacerrada, estudios humanísticos en Estados Unidos y ahora teología en Roma—, este joven seminarista tiene por delante seis años más antes de su ordenación sacerdotal, que espera recibir, si Dios quiere, al concluir ese período de formación.
Testigo de la canonización de Carlo Acutis
Entre los momentos que Rodrigo guarda con más fuerza en el corazón destaca haber participado en la canonización de Carlo Acutis, el joven italiano conocido como «el santo millennial», fallecido con 15 años y canonizado recientemente en Roma. «De repente encontrarte con tantos sacerdotes, seminaristas y religiosos, repartiendo la comunión en la plaza… y al final todos compartimos lo mismo: estamos llamados a ser santos», recordó emocionado.
También ha vivido de cerca el inicio del pontificado del nuevo Papa, respirando la vida de la Iglesia universal desde el centro mismo de la catolicidad, en una etapa que describe como «espectacular».
Ávila, un nombre que se dice con la boca grande
Lejos de casa, Rodrigo ha comprobado lo que muchos abulenses descubren fuera: el peso y el prestigio del nombre de Ávila en el mundo. «Qué suerte tengo de poder decir que soy de Ávila. Allá donde vaya, van a decir: sí, Santa Teresa, San Juan de la Cruz», afirmó con orgullo. Una realidad que, reconoció, a veces no se valora lo suficiente desde dentro.
Una devoción que sostiene la vocación
El motivo concreto de su regreso fue la festividad de la Virgen de las Vacas, que se celebró la semana pasada y a la que llevaba tres años sin poder asistir. Para Rodrigo, esta devoción mariana no es un simple apego sentimental, sino uno de los sostenes de su camino vocacional: «Es un pilar para mi vocación, poder estar rodeado de tanta gente que reza por ti, de todos los hermanos patronos, de quienes me han visto crecer en la fe».
Volver a casa y encontrar todos los corazones abiertos, dijo, «es de verdad un regalo».