
“Jesús quiere entrar hoy en nuestras ciudades y en nuestras vidas”. Con esta llamada, el obispo de Ávila, Mons. Jesús Rico García, ha centrado su homilía en la celebración del Domingo de Ramos, recordando que Cristo sigue acercándose al hombre con humildad, ofreciendo la fuerza de su amor para perdonar los pecados y reconciliar al ser humano con el Padre y consigo mismo.
El prelado ha profundizado en el misterio del amor de Dios a través de dos verbos clave: “se vació” y “se humilló”. Dos expresiones que —como explicó— muestran hasta dónde llega la entrega de Cristo. Jesús “se despojó de sí mismo”, renunciando a la gloria propia del Hijo de Dios, para hacerse verdaderamente uno de nosotros, compartiendo la condición humana “en todo, menos en el pecado”.
Pero esa entrega no se detiene ahí. Mons. Rico García subrayó que Cristo no solo se hizo hombre, sino que vivió “en condición de siervo”, alejándose de toda lógica de poder o grandeza humana. Una humillación que alcanza su culmen en la cruz y que, lejos de ser un fracaso, revela el verdadero rostro de Dios.

En este sentido, el obispo explicó que la Pasión manifiesta la misericordia divina en gestos concretos: Jesús perdona a quienes le crucifican, abre las puertas del paraíso al ladrón arrepentido y es capaz de tocar el corazón del centurión. “Ahí se nos muestra quién es Dios”, vino a señalar: un Dios cuyo amor es más fuerte que el pecado y cuya misericordia no tiene límite.
Frente al misterio del mal, que aparece con toda su crudeza en el relato de la Pasión, Mons. Rico García recordó que “la realidad del amor es superior”. Un amor que asume el dolor humano para redimirlo, que lleva luz a las tinieblas, vida donde parece imponerse la muerte y amor allí donde domina el odio.
Asimismo, invitó a los fieles a contemplar los distintos personajes que aparecen en la Pasión, cada uno con su actitud ante Cristo, como un espejo en el que mirarse personalmente. “¿A qué personaje me parezco?”, planteó, proponiendo esta pregunta como camino de conversión y de compromiso ante tantas situaciones de sufrimiento e injusticia en el mundo.
Por eso, en la misma línea, el obispo quiso animar a todos a vivir intensamente la Semana Santa siguiendo el camino que Cristo ha trazado: el del servicio, la entrega y el olvido de uno mismo. “El Crucificado es la cátedra de Dios”, recordó, invitando a dirigir la mirada hacia Él y a profundizar, desde el silencio y la oración, en el misterio de su amor.
Una celebración marcada por el frío y la participación de los fieles
La jornada ha comenzado en una mañana desapacible en la ciudad de Ávila. Aunque el sol hacía acto de presencia, el viento frío ha marcado toda la celebración, sin impedir que más de medio millar de fieles abarrotaran la catedral.
La liturgia se iniciaba en el trascoro, donde el obispo bendecía los ramos de los asistentes. Entre ellos, los niños de la Juventud Antoniana, ataviados con sus túnicas franciscanas, esperaban con especial ilusión este momento.
A continuación, los fieles han procesionado hacia el altar mayor en un ambiente de gozo y júbilo, evocando la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. La celebración eucarística continuaba con la proclamación de la Pasión del Señor según san Mateo.
La Borriquilla recorre el centro de Ávila
Tras la Eucaristía, tenía lugar la tradicional Procesión de la Borriquilla, organizada por los Padres Franciscanos y la Archicofradía de Medinaceli. El cortejo ha recorrido las calles del centro de la ciudad hasta el convento de San Antonio, en un ambiente también marcado por el fuerte viento que ha acompañado todo el itinerario.
A pesar de las inclemencias, la procesión se ha vivido con entusiasmo y participación, destacando especialmente la ilusión de los niños, protagonistas de esta jornada que abre solemnemente la Semana Santa abulense.







