La hermana Raquel Gómez rezó junto al Santo Padre en el escenario de Plaza de Lima; María Fernández y Emilio Blázquez formaron parte del coro que condujo la oración de más de medio millón de jóvenes

La Diócesis de Ávila tuvo nombre y rostro propio en uno de los momentos más emotivos de la visita apostólica del Papa León XIV a España. Este sábado por la noche, en una Plaza de Lima que reunió a más de medio millón de jóvenes llegados de toda la geografía española, tres abulenses vivieron desde el corazón del escenario una experiencia que, según sus propias palabras, les marcará para siempre. Tres jóvenes, tres vocaciones distintas, una misma fe.
Una llamada inesperada
La hermana Raquel Gómez Manrique, religiosa de las Esclavas Carmelitas de la Sagrada Familia, fue uno de los treinta jóvenes de toda España seleccionados para acompañar al Papa en el escenario y rezar junto a él durante la vigilia. Cuando el Papa confirmó las fechas de su viaje apostólico, Raquel ya había decidido con su comunidad que no se perderían aquel momento histórico: serían voluntarias para acoger peregrinos junto a su parroquia de Nuestra Señora de la Peña y participarían en la vigilia y en la misa. Pero el Señor, como ella misma dice, le tenía reservada una sorpresa mayor.
La llamada llegó desde la Delegación Diocesana de Jóvenes mientras preparaba los exámenes finales de tercero de Teología. «Creí no haberlo entendido bien porque me parecía un regalo y una responsabilidad tan grande que no podía ser verdad», reconocía días antes del evento. Con la sencillez que la caracteriza, Raquel no vivió este momento como un honor personal sino comunitario: «Corrí a compartirlo con las hermanas, porque verdaderamente siento que no soy yo, sino que somos todas las esclavas carmelitas». Pasaron días de gestiones y papeleos de seguridad hasta que la realidad fue tomando forma, y con ella, una certeza que no ha dejado de crecer: «En mi corazón crece la esperanza de que las palabras y la presencia del Santo Padre en nuestras calles van a ser semilla de esperanza».
Desde el escenario, mientras miles de jóvenes se arrodillaban ante la Eucaristía a lo largo de una Castellana cortada al tráfico —«algo histórico también», señalaba ella con asombro—, la hermana Raquel pudo contemplar una estampa que describía así en vísperas de la vigilia: «Lo que veré desde allí serán miles y miles de jóvenes arrodillados ante Jesús, a quien yo adoraré a escasos metros». Y añadía, emocionada: «Si todos los días rezo por el Papa, esta noche lo haré con el Papa». En su corazón resonaban las palabras que San Juan Pablo II pronunció en Santiago de Compostela en 1982: «Vieja Europa, vuelve a encontrarte, sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces».
Evangelizar a través de la música
A escasos metros, también en el escenario, sonaban las voces de otros dos abulenses. María Fernández Cuéllar y Emilio Blázquez Perdiguero formaron parte del coro especialmente constituido para la vigilia, un conjunto de cerca de 150 voces seleccionadas entre casi 300 candidatos llegados de toda España —algunos desplazándose cada semana desde Murcia para los ensayos—. María llegó al proyecto animada por un amigo y director de los ensayos, Alejandro Obregón; Emilio, a través de una convocatoria abierta en la que tuvo que presentar un vídeo cantando. Los dos se sumaron sin saber muy bien lo que encontrarían, y los dos quedaron gratamente sorprendidos por el nivel y el espíritu del grupo desde el primer día.
El camino hasta Plaza de Lima ha sido un intensivo de ensayos repartidos durante varias semanas: tres sábados seguidos, un domingo, y varios días consecutivos en la semana previa al evento. El punto de inflexión llegó cuando el coro se unió a la orquesta. «Escuchar cómo todo el trabajo se realza y embellece con su sonido es una pasada», decía María, que aunque ya había cantado en otros coros con orquesta, aseguraba que «cada vez que vuelvo a tener la oportunidad es como la primera vez». Para Emilio, el resultado hablaba por sí solo: «Desde el primer momento sonaban muy bien todos los ensayos, y cuando nos juntamos con la orquesta… la verdad es que suena muy bien».
La prueba de sonido en la propia Plaza de Lima fue el momento en que todo se hizo definitivamente real. «Casi se me saltan las lágrimas», confesaba María. «Sé que es algo importante que me va a marcar para siempre, y espero que la música con la que acompañamos a la gente en la vigilia también les marque a ellos». Porque esa era, en el fondo, la misión de ambos sobre el escenario: no actuar, sino servir. Ayudar a rezar. Evangelizar a través de la música a quienes llenaban hasta los límites una de las avenidas más emblemáticas de Madrid.
Tres jóvenes abulenses, tres formas distintas de servir —la oración contemplativa, la música, la vida consagrada— y un mismo deseo compartido con el millón largo de jóvenes que esta noche miraron hacia el mismo punto: que la visita del Papa León XIV a España sea, como expresaba la hermana Raquel con palabras prestadas de Juan Pablo II, la semilla que ayude a Europa a reencontrar sus raíces.