La Primera Comunión, entre la fe y el consumismo: «Pretendemos llenarnos de cosas cuando nos falta la experiencia de Dios»

Imagen de los niños de Comunión en la Unidad Parroquial de San José Obrero y Santiago (Foto: RRSS Unidad Parroquial)

La llegada del mes de mayo trae consigo una de las celebraciones más arraigadas en la tradición católica española, y uno de los sacramentos fundamentales de la iniciación cristiana: la Primera Comunión. En la diócesis de Ávila, tanto en la capital como en los municipios de la provincia, se espera que este año el número de niños que reciban el sacramento supere ampliamente los 700, una cifra que podría incluso rebasar la de ejercicios anteriores. Este dato apunta a un interés creciente de las familias por ahondar en la educación y la fe de sus hijos. Así lo analizó el pasado 22 de mayo el programa El Espejo de Ávila, de la Cadena COPE, en una entrevista con el sacerdote Álvaro José Sánchez Sainz-Pardo, uno de los presbíteros más jóvenes de la diócesis y capellán del colegio diocesano Pablo VI, además de vinculado a la unidad pastoral de San José Obrero y Santiago.

Un gasto desorbitado que distrae de lo esencial

Junto al dato de participación, existe otra cifra que desconcierta: según la Unión de Consumidores de Arévalo, el gasto medio de una comunión en la provincia se ha disparado más de un 12% respecto al año anterior, situándose en cifras claramente superiores a los 3.000 euros. Una cuantía que obliga a muchas familias a recurrir a créditos y préstamos para sufragar unos actos y celebraciones que, en realidad, son completamente accesorios al verdadero sentido del sacramento.

Para Álvaro José, este desequilibrio entre el boato externo y la vivencia interior es precisamente el principal riesgo de las comuniones actuales. Y es que, a su juicio, lo que debería primar es la experiencia genuina de encuentro con Dios, no el aparato social o económico que rodea la celebración.

«Nos jugamos mucho en ser auténticos»

«Yo creo que en la iglesia nos jugamos mucho en ser auténticos, y en mostrar esa autenticidad. Y a veces, es verdad que lo accesorio no muestra la autenticidad», afirmó el sacerdote, quien quiso además conectar directamente el exceso de consumo con una carencia espiritual de fondo. «Nuestro mayor anhelo tiene que ser el deseo de consumir a Dios, es decir, de estar cerca de Dios. Y muchas veces, cuando no tenemos esa experiencia de Dios, pretendemos llenarnos de otras cosas».

En su opinión, el verdadero problema no es el gasto en sí, sino lo que revela: que cuando falta la experiencia interior de Dios, se busca compensarla con lo material. De ahí que insistiera en que la clave está en recuperar la centralidad del sacramento: «La clave está en que sea desde esa experiencia de Dios, de poder identificar que tenemos sed de Dios».

La huella que deja el sacramento en los niños

Lejos del ruido que rodea a la celebración, el sacerdote subrayó la profundidad con la que los niños viven este momento. La Primera Comunión es uno de los sacramentos de la iniciación cristiana y, a diferencia del Bautismo —que los pequeños no recuerdan—, este deja una huella duradera. «Es muy bonito cuando la gente te recuerda que tú les has dado la primera comunión, porque es el primer sacramento de la iniciación cristiana que los niños sí recuerdan», explicó Álvaro José.

Sobre la capacidad de los niños —de entre 9 y 10 años— para comprender y vivir plenamente el sacramento, el sacerdote fue rotundo: «Teológicamente se dice que el hombre es capaz de Dios, y los niños también, en ese sentido originario, son capaces de poder experimentar a este Dios que se hace pan para estar con nosotros hasta el fin de los tiempos».

Más allá de la reflexión teológica, destacó el clima de ilusión genuina que rodea estas celebraciones: «Es un momento marcado de mucha ilusión, de mucha expectativa en su relación con el Señor. Estoy convencido de que hay bastantes niños que están deseando estar cerca de Jesús».

¿Y después de la Comunión, qué?

Uno de los interrogantes que la entrevista dejó abiertos es el del acompañamiento posterior. Álvaro José fue claro: la Primera Comunión no puede ser un punto final en el itinerario de fe, sino el inicio de un camino más largo. En la unidad pastoral en la que trabaja existen propuestas concretas para continuar ese proceso, como la preparación para el sacramento de la Confirmación o la participación en el movimiento Junior, entre otros.

«Ese acompañamiento no puede faltar, no puede quedar olvidado. Es seguir caminando, porque la persona necesita seguir creciendo también en esa relación con Dios», concluyó Álvaro José Sánchez Sainz-Pardo.

Un número que invita a la esperanza

A pesar de las cifras de consumo que enturbian el horizonte y dispersan el verdadero sentido de la celebración, el sacerdote prefirió quedarse con la lectura positiva del dato de participación. Que más de 700 niños vayan a recibir este año la Primera Comunión en la diócesis de Ávila refleja, a su juicio, un interés sostenido de las familias por la educación en la fe. «Nos mantenemos en un número bastante elevado. En ese sentido estamos contentos», apuntó, para añadir de inmediato con honestidad: «Si solamente nos quedáramos en el número… que no es lo más importante».


Escucha aquí la entrevista completa (a partir del minuto 18)