
Con motivo de la celebración de la Solemnidad de Todos los Santos, el Obispo de Ávila ha dirigido un mensaje a todos los fieles diocesanos para recordar la llamada universal a la santidad. En su alocución, el prelado ha destacado que la Iglesia festeja con gozo tanto a los santos canonizados como a los anónimos, definiéndolos como «esas personas que son bienaventuradas porque, al confiar en toda circunstancia en Dios, han sido y son auténticos discípulos de Cristo Jesús».
Mons. Jesús Rico ha querido subrayar asimismo que la santidad «no es algo extraño o fuera de lo común», sino una vocación compartida por todos los bautizados, quienes son «hijos de Dios y copartícipes de su naturaleza divina y por esto realmente santos». Una afirmación apoyada en la exhortación Gaudete et exsultate del Papa Francisco y en el Magisterio de la Iglesia.
Las Bienaventuranzas, el «carné de identidad del cristiano»
Esta llamada, explica el Obispo, se comprende a la perfección si acudimos a las palabras del Evangelio y a la sencillez con la que Jesús explicó las Bienaventuranzas, a las que Mons. Rico califica como «el carnet de identidad del cristiano», un texto donde «se dibuja el rostro del Maestro que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas».
No obstante, ha recordado que la propuesta evangélica exige fortaleza frente a las corrientes del mundo actual: «Esas palabras de Jesús van contracorriente de lo que se quiere y se vive normalmente en nuestra sociedad; no son algo liviano o superficial». Para vivirlas, ha remarcado, es indispensable la fuerza de la gracia: «Solo podemos vivirlas si el Espíritu nos invade con toda su potencia y nos libera de la debilidad del egoísmo, de la comodidad y del orgullo».
Testigos creíbles de la alegría del Evangelio
Mons. Rico ha animado a la comunidad diocesana a dar gracias a Dios por haber puesto en los fieles «el anhelo de buscarle» y por el testimonio de «tantos hombres y mujeres que han sido para nosotros ejemplo de vida», los cuales constituyen un estímulo para continuar el camino cristiano con coraje.
Ese camino de la santidad es a lo que todos estamos llamados desde el Bautismo. Por ello, el Obispo ha querido recalcar la importancia de la misión compartida, testimoniando la santidad con nuestro ejemplo de vida y nuestras obras. «Hoy se escucha más a los testigos que a los maestros, y si se escucha a los maestros es porque son testigos», apuntaba citando la exhortación Evangelii nuntiandi. Por ello, ha concluido pidiendo a Dios la capacidad de testimoniar «una fe viva y abierta que nos permita ser testigos creíbles de la alegría del Evangelio».