La Basílica de la Santa acoge un emotivo acto institucional y religioso que une el legado de dos mujeres excepcionales, figura y referente de nuestra historia y nuestra fe.

Hay coincidencias que explican la identidad de un pueblo, y la que se vivió este inicio de Novena en la Basílica de la Santa es una de ellas. En vísperas del 15 de octubre, el templo teresiano acogió un gesto de enorme calado: la entrega de la medalla de honor de Isabel la Católica a Santa Teresa de Jesús, que otorga la Comisión de Isabel la Católica (Valladolid). Un reconocimiento que sirvió para cruzar los caminos de dos de las mujeres más determinantes e influyentes de la España moderna, ambas con raíces abulenses.
La misa inaugural de la Novena congregó a una nutrida representación de la vida eclesial, académica y social abulense. Presidida por el Obispo de la diócesis, la Eucaristía contó con la participación del Padre Provincial de la Orden de Carmelitas Descalzos y la rectora de la Universidad Católica de Ávila, acompañados por miembros de cofradías, la Asociación Cultural Anderos de la Santa y decenas de vecinos que llenaron el templo carmelitano.
Determinación, fe y sello castellano
¿Qué une a una reina que cambió el mapa del mundo y a una monja que revolucionó la Iglesia desde la clausura? La respuesta resonó durante toda la celebración: el carácter. Ambas encarnan el perfil de la mujer castellana decidida, guiada por una fe inquebrantable y capaz de romper los moldes de su época. Casi quinientos años después, la huella de la reformadora del Carmelo sigue viva no solo en los conventos, sino en la memoria colectiva de una ciudad que vuelve a volcarse con su vecina más ilustre.
Dos nombres universales, unidos de forma indeleble en su Ávila natal. Una medalla que ya luce la Santa en su manto, y que queda desde hoy como testigo de esa alianza y como el primer gran hito de una Novena que nos prepara para la gran fiesta de nuestra patrona.








