El Jueves Santo en Ávila: del gesto del servicio a la adoración del Santísimo

La Santa Iglesia Catedral de Ávila acogió en la tarde de este Jueves Santo la solemne celebración de la Misa en la Cena del Señor, presidida por Mons. Rico, en una ceremonia marcada por la participación de numerosos fieles que quisieron acompañar al Señor en el inicio del Triduo Pascual.

En su homilía, el prelado recordó que esta celebración constituye “el gran portal de entrada en el misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo”, evocando las palabras del Evangelio: “Sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos”. Desde esta clave, subrayó la paradoja cristiana del poder entendido como servicio: “El que tenía todo el poder… se humilla como un esclavo”, explicó, aludiendo al gesto del lavatorio de los pies.

El obispo profundizó en el significado de este signo, que debió resultar desconcertante para los discípulos, especialmente para Pedro. Recordó las palabras de Jesús: “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?… Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros”. Así, insistió en que este gesto no es solo un rito, sino una enseñanza permanente para la vida cristiana: “Lavar los pies es como decir: estoy a vuestro servicio”.

En este sentido, animó a los fieles a dejarse amar por Cristo y a acoger su gracia: “Si no te lavo los pies, no tienes parte conmigo”, citó, invitando a todos a abrir el corazón a ese amor “que nos limpia, nos transforma y nos renueva”. Durante la celebración tuvo lugar el tradicional lavatorio de los pies, signo visible de ese amor que se hace servicio y entrega, y que interpela a todos los cristianos a vivir con humildad y caridad.

En su homilía, el obispo subrayó también que el Jueves Santo es de manera especial el día del amor fraterno, un amor que brota del mismo corazón de Cristo y que encuentra en la Eucaristía su fuente y su culmen. En este sentido, recordó que el mandato del Señor no se queda en un gesto simbólico, sino que se traduce en una forma concreta de vida: “Os he dado ejemplo para que también vosotros hagáis lo mismo que yo he hecho”. Así, animó a los fieles a vivir una caridad auténtica, hecha de cercanía, entrega y servicio, capaz de hacer visible en medio del mundo el amor de Dios.

La Eucaristía no es sólo un gesto externo

La Eucaristía, instituida en esta noche santa, ocupó un lugar central en la predicación. Mons. Rico recordó que “con la Eucaristía nace la Iglesia” y la definió como “el sacramento de la unidad”, en el que se realiza la comunión íntima con el Señor y la unión visible entre los creyentes. Por ello, subrayó que participar en la Eucaristía no puede reducirse a un gesto externo: “Recibir a Jesús no es un simple rito, es afirmar: ‘Creo, Señor’”.

En continuidad con esta idea, invitó a los fieles a ser “eucaristía viva”, prolongando en su vida la entrega de Cristo: “Estamos llamados a ser sus manos, sus pies, su rostro visible en el mundo”, señaló, alentando a vivir una fe comprometida y encarnada en el servicio cotidiano.

Asimismo, en este día en que la Iglesia recuerda de manera especial la institución del sacerdocio, el obispo pidió oraciones por los sacerdotes: “El sacerdote necesita el amor de su pueblo y sus oraciones”, afirmó, invitando a rezar especialmente por quienes atraviesan momentos de dificultad.

La celebración concluyó con el traslado solemne de la reserva del Santísimo Sacramento hasta el monumento, instalado este año en la capilla de San Segundo, donde permanecerá para la adoración de los fieles hasta los oficios del Viernes Santo.

De este modo, la Iglesia en Ávila se adentra en los días santos con una invitación clara: contemplar el amor de Cristo hecho servicio y renovar el compromiso de vivir en comunión y entrega.