«Seamos testigos de la esperanza en el mundo»

“Estando ya renovados, volvemos a nuestro ritmo ordinario”.  Estas fueron las palabras con las que Mons. Rico cerró oficialmente en la diócesis el Jubileo de la Esperanza. Fue al término de la Eucaristía celebrada este domingo en la Catedral, que contó con una participación numerosa de fieles, entre los cuales se encontraba un grupo de miembros de la Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza.

La misa fue concelebrada por un gran número de sacerdotes de la diócesis, así como por el cardenal arzobispo emérito de Valladolid, Mons. Ricardo Blázquez, subrayando el carácter eclesial y comunitario de la clausura de este tiempo jubilar.

En su homilía, Mons. Rico recordó que el Papa Francisco convocó el Jubileo de la Esperanza con la finalidad de ayudar a redescubrir que Jesucristo vino a salvarnos, y destacó que este año ha sido para muchos una oportunidad de gracia para hacer balance personal y comunitario. El obispo subrayó que la esperanza cristiana es una fuerza transformadora, capaz de cambiar la manera de situarse ante la vida, abrir nuevos horizontes incluso en medio de las dificultades y fomentar el apoyo mutuo y la solidaridad.

El prelado abulense insistió en que la esperanza es un rasgo distintivo del cristiano, recordando las palabras de san Pablo —“en la esperanza fuimos salvados”— y del Papa Benedicto XVI, quien señalaba que el creyente sabe que su vida tiene futuro porque su gran esperanza es Dios mismo. En este sentido, Mons. Rico señaló la oración como un lugar privilegiado de aprendizaje de la esperanza, especialmente cuando fallan las certezas humanas, y animó a los fieles a convertirse en verdaderos “ministros de esperanza” para los demás.

Asimismo, destacó que la esperanza cristiana es siempre activa y se traduce en compromiso, ayudando a que la realidad no derive hacia finales sin sentido. Para ello, invitó a recuperar una espiritualidad profunda que permita mirar el mundo con los ojos de Dios, reconociendo el bien presente y transformando lo negativo desde el mensaje y el ejemplo de Jesucristo, fundamento último de la esperanza.

La celebración coincidió también con la fiesta de la Sagrada Familia, lo que permitió al obispo invitar a dar gracias por la familia como ámbito esencial donde se recibe la vida y se aprende a crecer humana y espiritualmente. Mons. Rico puso de relieve valores fundamentales para la vida familiar como el amor, la humildad, la paciencia, el perdón, la oración y el agradecimiento, y pidió oraciones por quienes gobiernan las naciones, para que promuevan políticas que favorezcan a todas las familias, especialmente a las más desfavorecidas.

Durante la Eucaristía se recordó igualmente el compromiso social vinculado al Año Jubilar de la Esperanza. La colecta de la misa fue destinada a asociaciones que trabajan en la lucha contra la trata de personas, proyecto social que ha sido impulsado de manera especial a lo largo de este Jubileo en la diócesis.

Los últimos momentos de la celebración sirvieron para dar gracias a Dios por los frutos de este tiempo de gracia, en un clima de recogimiento y acción de gracias, acompañados por las voces del coro de la Universidad Católica de Ávila, que puso música a toda la Eucaristía y contribuyó a realzar la solemnidad de la clausura jubilar.

Fotos: Gonzalo G. de Vega