
La Basílica de Santa Teresa de Jesús de Ávila fue escenario ayer domingo del concierto-recital Candlelight dedicado a San Juan de la Cruz, dentro de los actos programados con motivo del primer centenario de su proclamación como Doctor de la Iglesia (1926-2026).
Con la única iluminación de las velas, el templo teresiano se convirtió en un marco especialmente propicio para una propuesta que entrelazó música, poesía y espiritualidad en torno a los grandes símbolos y versos sanjuanistas. Los conocidos versos del místico, «Sin otra luz y guía sino la que en el corazón ardía», cobraron así un significado particular en una velada pensada como tributo al poeta y Doctor de la Iglesia.
Abrieron el concierto Dona nobis pacem, de Mozart; Lascia ch’io pianga, de Händel, y el célebre Canon en re mayor, de Pachelbel, piezas que fueron situando al público en el ambiente de recogimiento que presidió toda la noche.
A partir de ahí, el programa se organizó en cinco bloques inspirados en la obra de San Juan de la Cruz. El primero, «La Fonte», incluyó Song for Sienna, de Brian Crain; melodías inspiradas en el Nuevo Mundo, de Dvořák, y O mio babbino caro, de Puccini.
El segundo bloque, «Noche oscura», puso música a uno de los símbolos más universales del santo carmelita a través del Minueto, de Boccherini; La vida es bella y Gabriel’s Oboe, de Ennio Morricone. La combinación de música y palabra fue desgranando cómo la noche sanjuanista no es un punto final, sino un camino de búsqueda que desemboca en la luz.
Bajo el título «Entréme donde no supe», el tercer bloque reunió piezas de honda carga espiritual, como la Oración de Esmeralda, de El jorobado de Notre Dame, y Si tienes fe, de El príncipe de Egipto.
El «Cántico espiritual» dio forma al cuarto bloque, con la interpretación de Nada te turbe y el Himno de San Juan de la Cruz, estableciendo un diálogo entre Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, figuras inseparables de la historia y la espiritualidad del Carmelo Descalzo.
El quinto y último bloque se centró en la «Llama de amor viva», culminación del itinerario místico sanjuanista, con la interpretación de Llama de amor, Coloquio amoroso (Si el amor que me tenéis) y La Fonte, cerrando así el recorrido por las imágenes esenciales de la poesía de San Juan de la Cruz: la fuente, la noche, el amor, la búsqueda y la llama.
La parte literaria del recital contó con la participación del poeta, escritor y periodista Carlos Aganzo, cuya intervención ayudó a acercar al público la profundidad y vigencia de la poesía sanjuanista.
Como cierre y a modo de bis, sonó el popular Hallelujah, de Leonard Cohen, poniendo fin a una velada en la que música contemporánea y clásica dialogaron con la palabra del mayor poeta en lengua castellana.
De este modo, el concierto supuso un nuevo homenaje de Ávila a San Juan de la Cruz en el centenario de su Doctorado, en una ciudad profundamente ligada a Santa Teresa de Jesús y a los orígenes del Carmelo Descalzo. Entre la penumbra del templo y el resplandor de las velas, aquellos versos que dieron sentido al encuentro —«Sin otra luz y guía sino la que en el corazón ardía»— volvieron a hacerse presentes.
