“Dios sigue llamando y merece la pena responder”

Gaspar Hernández Peludo y Manuel Blázquez Perdiguero, rector y seminarista respectivamente, dan su testimonio por el Día del Seminario

Celebramos este domingo el Día del Seminario, una jornada que, trasladada al fin de semana más próximo a la solemnidad de San José, invita a toda la comunidad cristiana a mirar con esperanza la realidad vocacional y a rezar por quienes se preparan para el sacerdocio.

Actualmente, cuatro seminaristas abulenses se forman en el Teologado San Juan de la Cruz, en Salamanca, donde comparten vida y proceso con jóvenes de otras diócesis. Un modelo comunitario que, como destaca el rector, Gaspar Hernández Peludo, “enriquece y fortalece el camino vocacional”, al permitir que los futuros sacerdotes crezcan no solo en su relación con Dios, sino también en la convivencia y el acompañamiento mutuo.

Bajo el lema de este año, “Deja tus redes y sígueme”, la campaña recuerda que la vocación nace de una escucha atenta. “El Señor sigue llamando hoy, también en nuestra diócesis”, subraya el rector, quien insiste en la necesidad de vivir con “los oídos y los ojos abiertos” para descubrir esa llamada en medio de la vida cotidiana.

Uno de los signos visibles de este camino es la próxima ordenación diaconal de uno de los seminaristas abulenses, un paso que refleja la maduración de un proceso vocacional que, aunque exigente, está marcado por la alegría. “Es una vida intensa, pero muy gozosa; el poso que deja es la paz”, afirma Hernández Peludo.

Una vida sencilla, centrada en Dios y abierta a los demás

La realidad concreta del seminario se aleja de muchos prejuicios. Así lo explica Manuel Blázquez Perdiguero, de 26 años, uno de los seminaristas de la diócesis, quien ofrece un testimonio cercano de su vocación.

“Somos jóvenes normales”, señala. Antes de ingresar en el seminario, cursó estudios vinculados al deporte, una afición que sigue formando parte de su vida. “Dios no nos quita nada, sino que lleva a plenitud lo que ya tenemos”, afirma, desmontando la idea de que la vocación implica renunciar a todo.

Su día a día combina oración, estudio y vida comunitaria. La jornada comienza con la oración de la mañana y la celebración de la Eucaristía, “el centro de todo”, y continúa con clases universitarias y tiempo de estudio. A ello se suman actividades formativas, tareas compartidas y espacios de convivencia, reflejo de una vida equilibrada y orientada al crecimiento integral.

La vocación: una respuesta que llena la vida

En un contexto marcado por el ruido y la dispersión, especialmente entre los jóvenes, tanto formadores como seminaristas coinciden en señalar la importancia del silencio interior. Solo desde ahí pueden surgir las grandes preguntas: el sentido de la vida, la llamada a la entrega, el para qué de la propia existencia.

“Las redes de las que habla el lema son, sobre todo, las del egoísmo o la autorreferencia”, explica el rector. “Es necesario salir de uno mismo para poder escuchar a Dios y a los demás”.

Desde su experiencia, Manuel reconoce que dar el paso no está exento de dificultades, pero insiste en que merece la pena: “Toda decisión importante exige tomárselo en serio, pero cuando descubres que ese es tu camino, vas con todo”. Y añade una clave esencial: “Las renuncias no son más que la parte trasera de un sí mucho más grande”.

A la pregunta directa sobre su felicidad, su respuesta es clara: “Absolutamente”.

El Día del Seminario se presenta así como una oportunidad para redescubrir que la vocación no es una pérdida, sino un don; no es un camino de renuncias estériles, sino de plenitud. Una invitación, en definitiva, a confiar en que Dios sigue llamando y a acompañar, como Iglesia, a quienes se atreven a responder.

Puedes escuchar la entrevista a Gaspar y a Manu en nuestro podcast de El Espejo de Ávila: