El carmelita del CITES Javier Sancho, retenido en Doha tras el estallido de la guerra: “La fe y la confianza en Dios son las que te sostienen en medio de situaciones así”

Javier Sancho, OCD, atrapado actualmente en Doha, espera poder regresar pronto a Ávila

El teólogo Javier Sancho, de la comunidad carmelita del CITES – Universidad de la Mística, de Ávila, permanece en la ciudad de Doha, en Qatar, después de que el vuelo en el que regresaba a España tuviera que regresar al aeropuerto de origen tras el inicio del intercambio de misiles entre Estados Unidos, Israel e Irán el pasado sábado 28 de febrero. El religioso se encontraba en Asia impartiendo cursos sobre espiritualidad teresiana y regresaba a Madrid cuando el estallido del conflicto obligó a suspender el trayecto.

En una entrevista en el programa El Espejo de Ávila, el carmelita ha querido transmitir serenidad y confianza, a pesar de la compleja situación. “Personalmente, la verdad es que estoy bien, estoy tranquilo, estoy confiado”, asegura. En medio de la incertidumbre, reconoce que la experiencia se vive también desde la fe: “Son esas experiencias de la vida que te hacen ver hasta qué punto la fe, la confianza en Dios, es capaz de sostenerte, incluso en medio de situaciones tan contradictorias como la que estamos viviendo”.

Aún así, confía en poder regresar pronto a Ávila, en cuanto les garanticen la seguridad necesaria para poder volar de vuelta a España.

Un vuelo interrumpido por el inicio del conflicto

El padre Javier Sancho se encuentra en estos momentos alojado en un hotel cercano al centro de Doha, donde permanece desde el pasado sábado. Allí fue trasladado junto a otros pasajeros después de que el avión en el que viajaba tuviera que regresar cuando sobrevolaba la zona de Bagdad.

“Cuando estábamos volando ya rumbo a Madrid, sobrevolando la zona de Bagdad, tuvimos que regresar porque era cuando empezaban prácticamente el intercambio de misiles”, relata.

Sancho regresaba de Asia, donde estaba desarrollando una misión formativa vinculada a la espiritualidad de Teresa de Jesús. “Estaba dando unos cursos de teoría y práctica de la oración teresiana en Asia”, explica. El itinerario previsto era Shanghái–Doha–Madrid, pero el trayecto quedó interrumpido tras apenas dos horas de vuelo tras la escala.

“Como teníamos acceso a Internet en el avión, enseguida vi la noticia de que había empezado la guerra y entonces ya me era evidente la razón por la que volvíamos al aeropuerto de origen”, señala.

Atención y apoyo en Qatar

Una vez en Doha, los pasajeros quedaron a la espera de que se reabra el espacio aéreo. Mientras tanto, tanto la compañía aérea como las autoridades del país han facilitado alojamiento y atención.

“A pesar del caos que se organizó el día en que empieza la guerra, y de las horas que tuvimos que esperar sin saber nada, en todo momento la compañía aérea y el gobierno de Qatar se están portando de una manera extraordinaria y ejemplar”, afirma.

Según explica, las autoridades están priorizando la seguridad de los viajeros. “Yo creo que en ese sentido hay una organización ejemplar y un facilitar a los ciudadanos el mínimo bienestar dentro de lo complicado que es la situación”.

Aunque está inscrito en el registro de la embajada española y recibe comunicaciones periódicas, reconoce que quienes más están facilitando la gestión son la compañía aérea y las autoridades qataríes. “Quien realmente está más preocupado de favorecernos el regreso es la compañía aérea y también el Estado de Qatar, que está dando una muestra de humanidad y de anteponer la seguridad de las personas por encima de todo”.

Misiles y sistemas de defensa

Desde su hotel, el carmelita ha podido presenciar algunos de los episodios del conflicto, con el paso de misiles y las explosiones provocadas por los sistemas de defensa antiaérea. “Impacta, y sobre todo la primera vez cuando escuchas las explosiones y oyes cómo retumban los ventanales de la habitación y dices: ‘¿qué pasa aquí?’”, reconoce.

Sin embargo, asegura que el funcionamiento de los sistemas de interceptación genera cierta sensación de seguridad. “Según vas viendo el paso de los días y cómo están funcionando de bien los sistemas de defensa, que prácticamente en el aire han sido capaces de interceptar los misiles y los drones, eso me da cierta seguridad”.

La vida en la ciudad mantiene una relativa normalidad, aunque con menos presencia de personas en la calle. “Hay una gran apariencia de tranquilidad. Por las calles prácticamente no se ve mucha gente, pero el tráfico de coches es continuo, hay movimiento”, explica.

Además, estos días coinciden con el mes de Ramadán, por lo que la actividad social se concentra por la noche. “Aquí se ayuna durante el día, pero por las noches, en la zona cercana al hotel, los restaurantes se llenan y mucha gente local sale a cenar con bastante tranquilidad”.

La incertidumbre, lo más difícil

La principal dificultad, reconoce, es no saber cuándo podrá reanudarse el viaje de regreso a España. “No hay noticias claras. Las noticias van dándose cada día y dependen de las circunstancias”, explica. “Hay que esperar a que llegue mañana para saber si se abre el espacio aéreo o no”.

En las últimas horas, varios ataques han obligado a mantener la restricción de vuelos. “Ayer a mediodía llegaron un montón de misiles y drones, que fue uno de los ataques más fuertes desde Irán, y esta madrugada, a las tres y media, volvieron a sonar las alarmas”.

Una mirada a las víctimas de la guerra

Más allá de su situación personal, el carmelita reconoce que estos días hacen pensar especialmente en quienes viven en medio del conflicto armado. “Uno piensa en los que realmente están en medio de todo el conflicto, en los bombardeos que se están llevando a cabo en Irán, en Israel o en el Líbano, donde la población civil sí está sufriendo consecuencias serias y graves”.

En comparación con esa realidad, reconoce que su situación es privilegiada. “Aquí estamos casi un poco como en una jaula de oro. Estamos bien tratados, bien cuidados, relativamente muy seguros, pero sin posibilidad de movernos prácticamente”.

Un mensaje de serenidad

Mientras espera la reapertura del espacio aéreo para poder regresar a España, el padre Javier Sancho lanza un mensaje de calma. “Transmitir un mensaje de serenidad a todo el mundo, porque por aquí por lo menos estamos seguros. No nos falta ni cobijo ni que comer”.

Y añade con esperanza: “Simplemente hay que armarnos de paciencia y confiar en que cuanto antes se solucione esto… o, como digo yo, que se les acaben los misiles a los de Irán y de esa manera tengamos un peligro menos”.