León XIV inicia la Cuaresma con una llamada a la escucha y la sobriedad

El próximo 18 de febrero, con la celebración del Miércoles de Ceniza, la Iglesia iniciará el camino de la Cuaresma, tiempo de preparación para la Pascua. Con este motivo, el Papa León XIV ha hecho público su mensaje para la Cuaresma 2026, titulado «Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión», en el que invita a los fieles a situar de nuevo a Dios en el centro de la vida y a emprender un auténtico proceso de renovación interior y comunitaria.

En su reflexión, el Santo Padre recuerda que la Cuaresma es un tiempo propicio para que la fe “recobre su impulso” y el corazón no se disperse entre las preocupaciones y distracciones cotidianas. Subraya que todo camino de conversión comienza por la escucha dócil de la Palabra de Dios, capaz de transformar la vida cuando encuentra un corazón disponible.

La escucha que libera

En la primera parte del mensaje, el Papa pone el acento en la importancia de la escucha como actitud fundamental del creyente. Recordando el pasaje del libro del Éxodo en el que Dios escucha el clamor de su pueblo oprimido, señala que la escucha es rasgo distintivo del mismo Dios y principio de toda historia de liberación.

En un contexto marcado por múltiples voces y tensiones sociales, el Pontífice exhorta a afinar el oído para reconocer el clamor que nace del sufrimiento y la injusticia. La escucha de la Palabra en la liturgia —afirma— educa para una escucha más profunda de la realidad y, de modo especial, para acoger el grito de los pobres, que interpela a la Iglesia y a toda la sociedad.

El ayuno que transforma el corazón

Junto a la escucha, el Papa propone redescubrir el valor del ayuno como práctica concreta que dispone el corazón a Dios. Más allá de la mera privación externa, el ayuno es presentado como un ejercicio que ayuda a discernir lo esencial, a ordenar los deseos y a mantener viva el hambre y sed de justicia.

Citando a san Agustín, recuerda que el deseo de justicia ensancha el corazón y lo hace capaz de Dios. Pero advierte también que el ayuno ha de vivirse con humildad y fe, enraizado en la Palabra y en la comunión con el Señor.

De manera particular, el Santo Padre invita a una forma de abstinencia muy concreta: renunciar a las palabras que hieren. Propone “desarmar el lenguaje”, evitando juicios precipitados, calumnias y expresiones ofensivas, para cultivar en su lugar la amabilidad, el respeto y la esperanza, tanto en la vida familiar como en el ámbito social, político y mediático.

Una conversión compartida

El mensaje concluye destacando la dimensión comunitaria de la Cuaresma. No se trata solo de un camino individual, sino de un proceso que implica a parroquias, familias, comunidades religiosas y grupos eclesiales. Escuchar juntos la Palabra, atender el clamor de los pobres y practicar el ayuno como signo de arrepentimiento auténtico deben traducirse en un estilo de relaciones más fraterno y dialogante.

El Papa anima a pedir la gracia de una Cuaresma que haga más atento el oído a Dios y a los necesitados, y que convierta a las comunidades cristianas en lugares donde el sufrimiento encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación.

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