SÍNODO 2021 – 2023

Tras la estela de la renovación de la Iglesia propuesta por el Concilio Vaticano II, este camino común es tanto un don como una tarea. Al reflexionar juntos sobre el camino recorrido hasta ahora, los diversos miembros de la Iglesia podrán aprender de las experiencias y perspectivas de los demás, guiados por el Espíritu Santo (PD, 1).

Si bien los sínodos recientes han examinado temas como la nueva evangelización, la familia, los jóvenes y la Amazonía, el presente Sínodo se centra en el tema de la sinodalidad en sí.
El actual Proceso sinodal que estamos emprendiendo se guía por una pregunta fundamental: ¿Cómo se lleva a cabo hoy este “caminar juntos” en los diferentes niveles (desde el nivel local al universal), permitiendo a la Iglesia anunciar el Evangelio? Y ¿qué pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer como Iglesia sinodal? (PD, 2).
El objetivo del Sínodo actual es escuchar y lo  hacemos escuchando juntos la Palabra de Dios en la Escritura y la Tradición viva de la Iglesia, y luego escuchándonos unos a otros, y especialmente a los marginados, discerniendo los signos de los tiempos. De hecho, todo el proceso sinodal tiene como objetivo una EXPERIENCIA VIVIDA de discernimiento, participación y corresponsabilidad.
En este sentido, está claro que el propósito de este Sínodo no es producir más documentos. Más bien, su objetivo es inspirar a las personas a soñar con la Iglesia que estamos llamados a ser, hacer florecer las esperanzas de las personas, estimular la confianza, vendar heridas, tejer relaciones nuevas y más profundas, aprender unos de otros, construir puentes, para iluminar mentes, calentar corazones y restaurar la fuerza en nuestras manos para nuestra misión común (PD, 32). Así, el objetivo de este  proceso sinodal no es sólo una serie de ejercicios que se inician y se detienen, sino un camino de crecimiento auténtico hacia la comunión y misión que Dios llama a la Iglesia a vivir en el tercer milenio.

El tema es “Por una Iglesia sinodal: Comunión, Participación y Misión”. Este tiene tres dimensiones, comunión, participación,
y misión. Estas tres dimensiones están profundamente interrelacionadas. Son los pilares vitales de una Iglesia sinodal. No hay jerarquía entre ellos. Más bien, cada uno enriquece y orienta a los otros dos.
Esto implica un proceso de aprender  juntos humildemente cómo Dios nos llama a ser como Iglesia en el tercer milenio. Es un proceso de escucha que debe ocurrir en un entorno espiritual que apoye la apertura tanto para compartir como para escuchar. El camino de escucha mutua puede ser una auténtica experiencia de discernimiento de la voz del Espíritu Santo.
En abril de 2021, el Papa Francisco inició un camino sinodal de todo el Pueblo de Dios, que comenzará en octubre de 2021 en cada Iglesia local y culminará en octubre de 2023 en la Asamblea del Sínodo de los Obispos.

El objetivo de esta fase diocesana es consultar al Pueblo de Dios para que el Proceso sinodal se lleve a cabo a través de la escucha todos los bautizados.
Se debe tener especial cuidado para involucrar a las personas que pueden correr el riesgo de ser excluidas: mujeres, discapacitados, refugiados, migrantes, ancianos, personas que viven en la pobreza, católicos que raramente o nunca practican su fe, etc.
También deben buscarse medios creativos con el fin de involucrar a niños y jóvenes.
Al mismo tiempo, para participar plenamente en el acto de discernir, es importante que los bautizados escuchen las voces de otras personas en su contexto local, incluidas personas que han abandonado la práctica de la fe, personas de otras tradiciones religiosas, personas sin creencias religiosas, etc.
Es importante centrarse en máxima inclusión y participación, llegar para involucrar al mayor número posible de personas, y especialmente aquellos en la periferia que a menudo son excluidos y olvidados.