Un toque de campanas por la dignidad y el futuro de nuestros pueblos

La diócesis de Ávila se une, un año más, a la convocatoria promovida por las plataformas ciudadanas de la denominada “España Vaciada”, animando a parroquias, comunidades religiosas y ermitas de toda la provincia a sumarse al toque de campanas previsto para el próximo 31 de marzo al mediodía.

Esta iniciativa, que tiene su origen en la movilización celebrada en Madrid el 31 de marzo de 2019 —cuando cerca de 100.000 personas reclamaron una atención justa para la llamada «España vaciada»—, busca visibilizar la realidad de tantos pueblos que sufren el envejecimiento y la falta de servicios. Bajo el lema de este año, “En defensa del territorio: nuestros pueblos como espacios de oportunidades”, se pretende reavivar la conciencia social y superar la resignación ante una situación que afecta profundamente al tejido humano y social de estas tierras.

Como en ediciones anteriores, la convocatoria viene acompañada de un gesto sencillo y cargado de significado: el toque de campanas en las iglesias. A lo largo de la historia, las campanas han sido un elemento esencial en la vida de nuestros pueblos, convocando a la celebración, informando del fallecimiento de algún paisano, alertando ante  peligros como el fuego, o reuniendo a los vecinos en momentos importantes. Hoy, ese mismo sonido se convierte en signo de comunión y de compromiso con la realidad del mundo rural.

Desde la diócesis de Ávila se invita a todas las comunidades a hacer suyo este gesto, haciendo sonar las campanas el 31 de marzo a las 12:00 horas —o en otro momento que se considere más oportuno— como expresión de cercanía, escucha y apoyo a las legítimas demandas de nuestros pueblos.

Con este gesto, la diócesis quiere seguir acompañando la vida de nuestros pueblos, compartiendo sus preocupaciones y esperanzas, y contribuyendo a que el mundo rural sea reconocido como un espacio de vida, de dignidad y de futuro.

Iglesia y atención al mundo rural

La participación de la Iglesia en esta iniciativa encuentra un sólido fundamento en la Doctrina Social. Documentos como “La Iglesia y los pobres” (1994) subrayan la necesidad de apoyar solidariamente al mundo rural, defendiendo la tierra, el agua, las infraestructuras y la cultura propia. Asimismo, la instrucción pastoral “Iglesia, servidora de los pobres” (2015) alerta sobre los efectos de la despoblación y el envejecimiento, al tiempo que invita a promover una cultura del trabajo y del compromiso.

Más recientemente, el documento “El Dios fiel mantiene su alianza” (2023) propone impulsar proyectos comunitarios, ecológicos y espirituales que favorezcan la repoblación, así como trabajar por acuerdos sociales y políticos que garanticen el futuro de estos territorios. En esta misma línea, el Sínodo sobre la sinodalidad recuerda la necesidad de una atención pastoral específica a las realidades rurales, muchas de ellas verdaderas periferias existenciales.