El testimonio misionero que sostiene la lucha contra el hambre

El salesiano José Guillem, junto a Encarnación Jiménez (delegada de Manos Unidas en Ávila), el día de la presentación de la campaña. Foto: Diario de Ávila

Con motivo de la Jornada Mundial contra el Hambre, que la Iglesia celebra este domingo, Manos Unidas vuelve a poner el foco en una realidad que sigue siendo dramáticamente actual. Una jornada que invita a tomar conciencia de que, mientras para algunos el ayuno puede ser una elección puntual, para millones de personas en el mundo el hambre forma parte de su vida diaria, condicionando su presente y su futuro.

En este contexto, el programa El Espejo de Ávila ofrecía el pasado viernes el testimonio del padre José Guillem, salesiano con más de cuarenta años de experiencia misionera en África. Su voz, serena y cargada de vivencias, puso rostro a una problemática que, como él mismo recordó, continúa siendo “una lacra mortal y muy perjudicial para el desarrollo de la humanidad” incluso en pleno siglo XXI.

A lo largo de la entrevista, el padre Guillem compartió su experiencia en países como Malí, Togo o Benín, donde ha podido conocer de primera mano la dureza de la pobreza, pero también la esperanza que generan los proyectos de desarrollo bien planteados. Desde esa experiencia directa insistió en la importancia de no analizar el problema del hambre desde la distancia: “Los proyectos hay que verlos in situ”, subrayó, convencido de que solo desde la cercanía se puede responder de manera eficaz a las necesidades reales de las personas.

Proyectos construidos con la gente y para la gente

Uno de los elementos que el misionero destacó con mayor claridad fue la forma de trabajar de Manos Unidas, basada en la escucha y la participación de las propias comunidades locales. Frente a modelos que imponen soluciones externas, el padre Guillem fue tajante: “No son proyectos que se mandan con paracaídas desde fuera, pensando que los de fuera tenemos siempre la solución. Muchas veces esas soluciones no sirven”.

Por el contrario, explicó que Manos Unidas parte de un proceso de diálogo con la población: “Miramos con la gente qué es lo realmente necesario. Ellos mismos nos dicen exactamente lo que quieren y cómo lo quieren”. A partir de ahí, los proyectos se diseñan y se ejecutan con la implicación directa de los beneficiarios, que trabajan para construir su propio futuro, reforzando así su dignidad y autonomía.

Este modo de proceder, señaló, va acompañado de un fuerte compromiso con la transparencia. El misionero explicó que la financiación se realiza por fases y siempre con una rendición de cuentas exhaustiva. “Manos Unidas nos exige una claridad total de cuentas”, afirmó, destacando que todo el proceso se documenta con informes, fotografías y comprobaciones constantes, “para que nadie tenga dudas de que cada céntimo llega donde tiene que llegar”.

Declarar la guerra a todas las hambres

Desde su amplia experiencia con distintas organizaciones, el padre José Guillem no dudó en subrayar la eficacia de Manos Unidas. “De todas las ONG que conozco, es la que llega realmente al pueblo que lo necesita. La mayor parte de lo que se recauda aquí llega allí”, aseguró, desmontando así una de las principales preocupaciones de quienes colaboran con proyectos solidarios.

En referencia al lema de la campaña de este año, Declaramos la guerra al hambre, el salesiano recordó que no se trata únicamente de combatir la falta de alimentos. “Hay hambre de comida, pero también hambre de salud, de educación, de cultura… hay muchas hambres”, explicó, subrayando que todas ellas afectan de forma directa a la dignidad de la persona y a su posibilidad de desarrollar una vida plena.

De regreso en España, el padre Guillem se ha convertido en un testimonio vivo del impacto real de estos proyectos de desarrollo. En una jornada como la de hoy, su experiencia recuerda que la lucha contra el hambre no es una idea abstracta, sino un compromiso concreto que transforma vidas.