El obispo de Ávila ha invitado a los fieles a vivir este tiempo de Cuaresma como un verdadero camino de conversión del corazón, recordando las palabras del profeta Joel proclamadas el Miércoles de Ceniza: “rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos”. La conversión —subrayó— no se limita a gestos externos, sino que transforma toda la existencia desde su centro.
En su mensaje para este tiempo fuerte del calendario litúrgico, Mons. Rico anima a situar de nuevo a Dios en el centro de la vida y a redescubrir su misericordia, insistiendo en que la auténtica conversión nace del encuentro con el Padre rico en amor y fiel hasta la cruz y la resurrección de Cristo.
El obispo recuerda asimismo los tres pilares cuaresmales —oración, ayuno y limosna— vividos con sinceridad y lejos de la tentación de la hipocresía. Por ello, Mons. Rico invita a los fieles a intensificar la oración, a practicar un ayuno humilde y arraigado en la Palabra, y propone una forma concreta de abstinencia, que es la que señala igualmente el Papa León XIV en su mensaje de este año: renunciar a las palabras que hieren, al juicio precipitado y a la murmuración, para fomentar un lenguaje de esperanza y paz. Y, por último, recuerda que la limosna es expresión de gratuidad, propia de quien reconoce haberlo recibido todo de Dios.
El prelado abulense exhorta a todos a revisar durante la Cuaresma los cimientos sobre los que se construye la vida, recordando que solo Dios es la roca firme que sostiene cuando todo lo demás vacila. Y encomienda el camino hacia la Pascua a la Virgen María, para vivirlo con alegría y esperanza.