Desde hace unos meses, se ha vuelto a poner sobre la mesa la gran problemática de la despoblación, como uno de los principales problemas del desarrollo social. En la diócesis de Ávila es una realidad preocupante, que afecta no sólo en el ámbito civil, sino también a la Iglesia. El ejemplo más cercano lo tenemos en el Arciprestazgo de Barco. Una demarcación amplia que abarca desde la Venta del Obispo hasta Puerto Castilla. 

En total,  62 municipios para tan sólo 6250 personas censadas. Y eso en los mejores meses del año, pues cuando llega el invierno, la población disminuye sensiblemente. Todo ello, atendido por tan sólo ocho sacerdotes. Hagan cuentas.

Amador Gutiérrez Montero es el párroco de Navarredonda de Gredos. Vive muy de cerca esta problemática, que no le es ajena ni a él, ni a sus siete compañeros sacerdotes del arciprestazgo. Por eso, afirma sin dudarlo que la despoblación es “uno de los retos fundamentales que tenemos a nivel social y a nivel de la Iglesia”.

Él lo ve todos los fines de semana. “El sábado celebro 3 Misas, y el domingo otras 3. La asistencia es muy distinta. A lo mejor en Navarredonda hay 50 personas, pero en Hoyos de Miguel Muñoz me encuentro con 4 ó 5. Por lo cual, la diferencia hace que sea muy difícil trabajar con estas personas a nivel parroquial”.

Una realidad que ha evolucionado de forma preocupante en los últimos años, y que acarrea otras consecuencias a nivel personal e incluso psicológico. La soledad de los mayores en nuestros pueblos es una de ellas. Por eso, Amador destaca el papel de la Iglesia y el esfuerzo que hacen para paliar esta situación. “Nosotros intentamos que cada núcleo, a pesar de que sea muy pequeño, tenga la presencia del sacerdote al menos un día a la semana, aunque no podamos el domingo celebrar en todos los pueblos”.

Porque al problema de la despoblación se le suma, efectivamente, la emergencia vocacional que vive la Iglesia, que hace que muy pocos sacerdotes tengan que cubrir una parte amplia de territorio. “En la zona de Barco, 4 de los 8 sacerdotes que estamos presentes tenemos más de 65 años. Esto es una dificultad a la hora de salir a las carreteras, para la atención a estos pequeños núcleos. Y luego, a veces llegas a los pueblos y te encuentras con 5 ó 6 personas en la iglesia”.

Algo que se acentúa en momentos puntuales, como relata Amador: “las raíces religiosas las tienen en los pueblos. Cuando vienen los fines de semana, o en verano, o en las fiestas, quieren tener las celebraciones en su pueblo”.
La solución no es sencilla, ya que, aunque se ha propuesto centralizar las celebraciones litúrgicas en la cabeza de la unidad parroquial, Amador considera que es “muy difícil” sacar a la gente mayor de sus pueblos para ir a Misa al pueblo más cercano.
Sin embargo, el ánimo no decae. El párroco de Navarredonda tira de buen humor para explicar la situación de los sacerdotes del arciprestazgo: “cuando haces el relato de los pueblos que atendemos cada uno de nosotros, te da la impresión de que estás en la estación de autobuses y estás relatando la ruta del coche de línea”.

Y es que, pese a todas las dificultades que puedan encontrar, siente que tanto él como el resto de sus compañeros en la zona son muy valorados por los vecinos. “Nos quieren. Decía Machado que ‘sólo canto mi canción a aquel que conmigo va’.  Si nosotros estamos con ellos es porque hemos hecho una opción por lo importante: las personas de estos pueblos. Tenemos vocación rural”.