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Eran poco más de las 13 hs, cuando D. José María Gil Tamayo se sentaba en la cátedra del presbiterio del primer templo de la diócesis. Repicaban entonces las campanas y la Catedral irrumpía en aplausos: Ávila tenía ya nuevo obispo.

La celebración de este 15 de diciembre en la Catedral del Salvador será recordada, por un lado, por la grandísima participación de Cardenales y Obispos (68 prelados en total), así como por la emoción vivida en muchos momentos concretos.

Junto al nuevo Obispo y su familia, numerosas autoridades civiles (nacionales, locales, provinciales y autonómicas), muchos de sus compañeros de su etapa en la Conferencia Episcopal, y cientos de fieles de Ávila, que siguieron la ceremonia a través de las pantallas gigantes instaladas en el templo.

Mons. Gil Tamayo llegaba a la Catedral poco antes de las 11 de la mañana. Le esperaban en la puerta, además del Colegio de Consultores, el Alcalde de Ávila, el Presidente de la Diputación, el Subdelegado de Gobierno, y una Consejera de la Junta de Castilla y León. Tras la acogida, entraba en el templo entre los fieles congregados en la zona del trascoro. Y daba comienzo la celebración.

PALABRAS DEL CARDENAL BLÁZQUEZ

En su homilía, el Cardenal Ricardo Blázquez ha comenzado recordando que Ávila es una “tierra de cantos y de santos. Los santos continúan protegiéndonos con su intercesión, con su ejemplo y escritos; y los cantos de granito simbolizan el temple y la resistencia de los abulenses”. Una resistencia ante una provincia “muy despoblada y envejecida, pero no ha perdido nobleza; sus gentes son sobrias y leales, largas en obras grandes y cortas en contarlas. Es honda y rica su memoria”.

No podía olvidar Don Ricardo la curiosa coincidencia del “intercambio episcopal” entre Extremadura y Ávila, recordando cómo el pasado 2017 un sacerdote abulense era nombrado Obispo de Plasencia (Mons. Retana), y ahora un sacerdote extremeño es nombrado Obispo de Ávila. “No son un intercambio de personas sino hermanos en la comunión de las Iglesias. Si la trashumancia desde hace siglos ha unido la sierra de Ávila con las tierras de Extremadura, actualmente recorren caminos de ida y vuelta dos hermanos en el ministerio episcopal”.

Una homilía en la que ha profundizado en los detalles del ritual de la celebración que se estaba desarrollando. Pero también en la relación que debe existir entre el Obispo y su diócesis, y en lo que implica su ministerio. “La palabra “obispo” significa vigilante y guardián, no espía y controlador; es el que custodia diligentemente y acompaña con atención vigilante. Es como el buen pastor que cuida, apacienta y defiende a su rebaño. En las persecuciones se pone al frente dando la cara por el Señor y protegiendo a su grey. El buen pastor ante los peligros no huye, abandonando las ovejas a su suerte sino arriesga la propia vida. El buen pastor movido por la solicitud pastoral sale a buscar a la oveja perdida (cf. Jn. 10, 11-16; Lc. 15, 4-7). Ser Iglesia y ministros “en salida” misionera nos lleva a buscar a los alejados y acercarnos, como Jesús en el camino de Emaús, a los discípulos que defraudados bajan a su pueblo con aire entristecido, distanciándose de la comunidad”.

Palabras también de reflexión también sobre su lema episcopal (“No he venido a ser servido, sino a servir”), que le lleva a “ser compasivos y ejercer la misericordia; en acercarse como buenos samaritanos a los marginados e indefensos, a los pobres y enfermos, a los oprimidos y heridos por el peso de la vida”.

Y consejos, de primera mano, del Pastor y amigo, sobre su nueva tarea: “Te pido que cuides y acompañes cordialmente a los presbíteros en sus gozos y en su cruz. Son los colaboradores necesarios, que el Señor te otorga. La situación actual de la Iglesia en nuestras latitudes requiere especialmente que seas para ellos padre, hermano y amigo. Frente a la intemperie inhóspita, que nos envuelve con frecuencia, deben crear ámbitos acogedores tanto el afecto de los fieles como la fraternidad del presbiterio y el cuidado del obispo. La comunión eclesial se traduce también en concordia amigable y paciente, gozosa y alentadora. La convivencia fraternal es un inestimable descanso (cf. Mc. 6, 31)”.

RITO DE ORDENACIÓN

Tras las palabras de Blázquez, se llegaba al rito de ordenación. Momento emotivo el de la entrega de los signos episcopales: la mitra (regalo del personal de la Conferencia Episcopal), el anillo (regalo de su madre) y el báculo (regalo del Arzobispo D. Antonio Montero). Tras ello, Mons. Gil Tamayo se sentó por vez primera en su cátedra, entre aplausos prolijos de los fieles y el constante repicar de las campanas de la Catedral.

Ya como Obispo de Ávila, D. José María ha continuado presidiendo la Eucaristía. Antes de concluir esta, ha bendecido a los asistentes, pasando por todas las naves de la Catedral. Un detalle éste que ha sido muy valorado entre los presentes por la cercanía de su nuevo Obispo. D. José María estaba acompañado de dos prelados con origen abulense: Mons. Retana (Obispo de Plasencia), y Mons. Carlos López (Obispo de Salamanca).

PRIMERAS PALABRAS COMO OBISPO

Acto seguido, primeras palabras del Pastor de Ávila a sus diocesanos. En ellas, Mons. Gil Tamayo decía llegar a esta diócesis “como servidor en nombre del Señor y por eso he escogido como lema de mi ministerio episcopal: “No he venido a ser servido, sino a servir”. Un lema, confiesa, “arriesgado y comprometido”, del que pide ayuda de los fieles “para cumplirlo”.

“Nuestro primer servicio – destacaba -  ha de ser fomentar y animar la misión evangelizadora que nace del mandato de Cristo”. Para ello, tomará como “hoja de ruta” la exhortación Evangelii Gaudium (la alegría del Evangelio). “Nos invita Francisco a no caer en la tentación de una Iglesia autorreferencial, sino ponernos en camino, como nos decía también Santa Teresa al final de su vida como un mandato: “Es tiempo de caminar”, de salir al encuentro de los hombres y mujeres para anunciarles a Jesús con nuestro ejemplo coherente y nuestra palabra para transformar nuestra vida en la de Cristo y transformar como el fermento y la sal la sociedad entera conforme a los valores del Reino de Dios, del Evangelio”.

Un afán misionero, pedía,  “con respeto a las convicciones y creencias de los demás, a la libertad, pero a la vez sin complejos ni reduccionismos acomodaticios, con la exigencia del respeto exquisito al derecho a la libertad religiosa”.

Recordaba también a los grandes santos de Ávila, Santa Teresa y San Juan de la Cruz, como guía para el camino de santidad que propone el Papa. Y se mostraba de nuevo preocupado por la despoblación y envejecimiento de la provincia, por lo que proponía una mirada de la Iglesia “a nuestra realidad concreta, no sólo de los países o escenarios más pobres, sino también a la de al lado nuestro, la de nuestra tierra, de nuestra provincia y región: su empobrecimiento y marginación progresiva, que se muestra en su despoblación y envejecimiento ante los que no podemos resignarnos pasivamente, sino colaborar todos en su remedio. Nosotros lo hacemos y queremos seguir haciéndolo como diócesis de Ávila con nuestra acción social y caritativa y educativa de sus instituciones”.

La importancia de la educación, la familia, o el ejemplo de la vida consagrada, son otros de los grandes temas que ha tocado en su alocución Mons. Gil Tamayo. Pero, entre todos, destacaba un párrafo dirigido a sus sacerdotes, en una firme defensa de su labor “sobre todo en estos momentos, en que tomando pie de pecados y delitos que desde la comunidad eclesial se han cometido y por los que pedimos perdón y trabajamos en su erradicación y prevención, se quiere extender injustamente un velo de sospecha sobre la multitud inmensa de sacerdotes que sirven a Dios y a la gente de forma fiel, abnegada y ejemplar. ¡Gracias, hermanos sacerdotes por vuestro servicio junto a la gente!”.

Un largo besamanos (todos querían saludar de cerca al nuevo Pastor de la Iglesia abulense) ponía fin a una celebración intensa, en la que la emoción y el sentimiento han sido la tónica dominante.

La ceremonia fue interrumpida durante media hora por la indisposición de un familiar del nuevo Obispo, que fue atendido con prontitud por miembros de Protección Civil en la misma Catedral. Pese a los esfuerzos para su reanimación, ha fallecido cuando ha sido evacuado del templo. Rogamos al Señor una oración por su alma.

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