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La iglesia episcopal de San Ignacio contará desde el próximo viernes 13 de julio con dos nuevas imágenes que acompañan la escultura de San Juan Pablo II. Se trata de las tallas de San Juan de la Cruz y de la Virgen de Fátima, quienes, junto a la imagen ya existente del Papa polaco, vienen a completar el retablo que se inició en 2014. Ambas esculturas serán bendecidas por el Obispo de Ávila, Mons. Jesús García Burillo, tras la Eucaristía de Acción de Gracias que acogerá el citado templo a las 19 horas.

De esta manera, en la nave derecha del templo se podrá contemplar este retablo con las tres imágenes, acompañadas cada una de ellas por una cartela con su propio escudo (el de San Juan Pablo II, el de la Virgen de Fátima, y el del Carmelo para San Juan de la Cruz). A los pies del Papa santo, una reliquia que llegó a Ávila en junio de 2014: Se trata de un trozo de tela con su sangre, de apenas un centímetro de alto por otro de ancho, rodeada por lo que simbolizan ser los pétalos de una flor, y con una cartela alrededor donde puede leerse: “Ex Sanguine Sancti Joannis Pauli II Papae”.

Tanto las imágenes como el conjunto del retablo han sido realizados por el taller Artemartínez, taller de arte en madera y policromía de la localidad de Horche (Guadalajara), la misma empresa que realizó en 2014 la talla de San Juan Pablo II. Las dos tallas están realizadas en madera maciza de ayous (madera tropical de Centro África, que como particularidad tiene un ligero peso y un escaso movimiento). El tamaño de estas imágenes es de 120 cm más las coronas. En cuanto al retablo, Sus dimensiones son de 290 x 160 cm., a los laterales de éste, van las repisas con hornacina para la Virgen y San Juan de la Cruz, siendo unos trabajos algo más sencillos y pequeños, con el fin de que arropen a la imagen principal. El acabado de las partes planas es igualmente en marmoleado, en tonos rojos y azules. Sus dimensiones son de 250 x 130 cm.En la parte central del conjunto va el retablo de San Juan Pablo II, el cual va flanqueado por columnas y el acabado de las partes planas en verde y crema.

La vinculación de San Juan Pablo II con la Virgen de Fátima se remonta al 13 de mayo de 1981. Ese día, el Pontífice recorría la Plaza de San Pedro en el papamóvil, saludando y bendiciendo a los fieles. De pronto, entre la multitud, el turco Alí Agca sacó un arma y disparó contra el Santo Padre que cayó gravemente herido. Sin embargo, este atentado no acabó con la vida del Papa peregrino porque una “mano materna” intervino, tal como explicó el propio Papa. Un año después, Juan Pablo II viajó por primera vez a Fátima para "agradecer a la Virgen su intervención por la salvación de mi vida y el restablecimiento de mi salud". En 1983, Juan Pablo II formalizó su devoción y agradecimiento a la Virgen donando al Santuario de Fátima la bala que le extrajeron, la misma que está engarzada en la aureola de la corona de la imagen mariana que preside el recinto mariano. Asimismo, cuando el Papa visitó en la cárcel al terrorista que había atentado contra él, fue el propio Alí Agca quien le habló de Fátima: "¿Por qué no murió? Yo sé que apunté el arma como debía y sé que la bala era devastadora y mortal. ¿Por qué entonces no murió? ¿Por qué todos hablan de Fátima?" En ese encuentro San Juan Pablo II perdonó a su agresor.

Por otro lado, la presencia de una talla de San Juan de la Cruz se justifica por el hecho de que el Papa dedicó su tesis doctoral sobre la fe en el Santo fontivereño. Comenzó a leer sus obras cuando se encontraba trabajando de joven en una cantera de Cracovia. Allí, un grupo de jóvenes católicos estudiaban a San Juan y a Santa Teresa de Jesús. De aquella escuela clandestina en plena invasión nazi, Karol Wojtyla se empapa de la solidez y belleza de las obras del místico, creando así un clima perfecto para que surgiera en él su vocación de sacerdote. Cuando más tarde llega a Roma enviado por el Arzobispo de Cracovia para hacer su Doctorado en Teología, elije a San Juan para estudiar y escribir su tesis: “El acto de fe en San Juan de la Cruz”, bajo la dirección del Padre Garrigou—Lagrange. Juan Pablo II afirmaba que, cuando elaboraba su tesis, “intuía que la síntesis de San Juan de la Cruz contiene no solamente una sólida doctrina teológica sino, sobre todo, una exposición de la vida cristiana en sus aspectos básicos, como son la comunión con Dios, la dimensión contemplativa de la oración, la fuerza teologal de la misión apostólica y la tensión de la esperanza cristiana”. Hay muchas similitudes entre las vidas de estos dos santos: ambos padecieron duras pruebas, pero la cruz les ha engrandecido; ambos admiran la naturaleza; ambos gustan de trabajar ante el Sacramento de la Eucaristía; y por supuesto, ambos escriben poesía.

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