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Recibimos el nuevo año en familia

Queridos diocesanos:

Este último día del año 2017, celebramos la fiesta de la Sagrada Familia, y con José, María y Jesús, conmemoramos en España la Jornada de la Sagrada Familia con el lema: “La familia: hogar que acoge, acompaña y sana”.

En primer lugar, acoge la Palabra de Dios que se hizo carne y habita entre nosotros. El misterio de la Navidad nos sitúa ante el portal de Belén, contemplando a Dios hecho uno de nosotros, y con él a María y José.

Acogiendo ponemos en práctica la hospitalidad. La hospitalidad es una virtud profundamente familiar. Los padres están llamados a acoger generosamente a los hijos. Como afirma el Papa: «la familia es el ámbito no solo de la generación, sino de la acogida de la vida que llega como regalo de Dios». Y, a lo largo de la vida familiar, vamos acogiendo también los acontecimientos de nuestra historia, de nuestra sociedad, lo cual nos hace abrir las puertas de nuestras casas a los que comparten nuestra vida.

La familia es también lugar donde experimentamos que somos acompañados. No nacemos en una isla ni encerrados en nosotros mismos, los lazos familiares nos socializan y nos abren a la experiencia de las relaciones humanas y sobre todo de la fe en comunidad. Aquí se encuentra la raíz de la vocación misionera de la familia. Dios invita a las familias a acompañar en la fe y en la vida a los que nos rodean, ofreciendo la cercanía de una vida familiar que siente la presencia viva de Jesús. Aunque son muchas las familias que han descubierto esta misión que Dios les encomienda, hay muchas más que no conocen esta hermosa misión.

En tercer lugar, la familia es hogar que sana. En nuestra historia personal y familiar hay muchos momentos en los que nos visita el sufrimiento: las dificultades económicas que viven tantas familias, la falta de trabajo, la enfermedad, las relaciones rotas, la vida matrimonial que va sufriendo distintas crisis a lo largo de su camino, los hijos con dificultades… tantas y tantas situaciones en las que necesitamos fortalecernos en la fe para que nos sostenga en la certeza de que Dios sigue a nuestro lado y lucha junto a nosotros. Por eso, la familia debe dedicar tiempo a actividades curativas. Hay heridas que precisan de más cuidados y requieren más paciencia para que sean bien curadas. En el hogar debemos tener siempre a punto el aceite y el vino del amor que, a imagen de Jesús, nos convierten en buenos samaritanos para curar las heridas de las relaciones humanas y del corazón, el vino de la alegría para animar y consolar a los que pasan por momentos difíciles y complicados, el aceite de la ternura y de la compasión para sanar el corazón de quien sufre a nuestro lado por cualquier motivo.

Queridos diocesanos, terminamos un año y comenzamos uno nuevo. En este 1 de enero, Jornada Mundial por la Paz, pongamos nuestros ojos en las familias, que salieron de su tierra y fueron en busca de la paz y de una vida más digna. Es lo que hizo la sagrada Familia. Esta Jornada lleva como lema: “Migrantes y refugiados, hombres y mujeres que buscan la paz”. Y nos propone: acoger, proteger, promover el desarrollo humano e integrar a los migrantes que viven entre nosotros. Demos la bienvenida a las familias llegadas de fuera. Y pidamos a la Sagrada Familia de Nazaret por las familias del mundo a ser hogar de acogida, de acompañamiento, de sanación, en una palabra, a hacer presente el misterio del amor de Cristo en nuestra experiencia cotidiana.

Con mis mejores deseos y bendición para el año 2018.

+ Jesús, Obispo de Ávila

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