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Mirando a la Virgen del Carmen

Queridos diocesanos:

Este domingo 16 de julio celebramos a la Virgen del Carmen, una fiesta bien arraigada en nuestro pueblo abulense, que amplía su horizonte al ancho mundo gracias a la presencia carmelitana.

 Entre las gracias singulares que recibió santa Teresa de Jesús, se encuentra el obsequio de una vestición por parte de la Virgen María, que le anunciaba el hecho de que sería madre de una nueva familia, es decir, el nuevo Carmelo reformado. Así lo cuenta la Santa: «Parecióme, estando así (en arrobamiento grande) que me veía vestir una ropa de mucha blancura y claridad, y al principio no veía quien me las vestía. Después vi a nuestra Señora hacia el lado derecho y a mi padre San José al izquierdo, que me vestían aquella ropa… Acabada de vestir, y yo con grandísimo deleite y gloria, luego pareció asirme de las manos nuestra Señora… Era grandísima la hermosura que vi en nuestra Señora… Parecíame muy niña» (V 33, 14).

Estas gracias místicas no sustraen a Teresa de su vida ordinaria, sino que la abrasan en deseos de servir a la Madre de Dios, a quien pretende imitar para llegar mejor a la íntima unión con Cristo. Cuenta en el libro de su vida: «en un arrobamiento se me representó su subida al cielo, y la alegría y solemnidad con que fue recibida y el lugar adonde está… Quedé con grandes efectos, y aprovechóme para desear más pasar grandes trabajos y quedóme gran deseo de servir a esta Señora, pues tanto mereció» (V 39, 26).

Como en Teresa, la fuerza de la fe amplía nuestro horizonte vital. La fe en Jesucristo es la piedra angular para el andamiaje de la vida que, como un barco, surca los días y navega a puerto seguro con firmeza. Por eso hablamos de “la vida en Cristo” y de un camino seguro, guiados por su palabra viva, que nos llega por el Espíritu Santo, dejando ardientes nuestros corazones y esperanzados hasta llegar al puerto final. Santa Teresa, conducida por la Virgen María, se adentra en el castillo interior y se une cada vez más a Cristo Jesús, al que experimenta como “ancla, segura y firme del alma”.

Y, junto a la fe, nos asimos al ancla de la esperanza. Afirma Francisco: «Cuando Jesús subió al cielo, llevó junto al Padre celeste a la humanidad, “nuestra humanidad” que había asumido en el seno de la Virgen Madre, y que nunca dejará. Como un ancla, fijemos nuestra esperanza en esa humanidad, colocada en el cielo a la derecha del Padre. Que esta esperanza sea el impulso de nuestra vida. Una esperanza que nos sostenga siempre, hasta el último suspiro».

Con cuánta devoción, en muchos de nuestros pueblos, fecundada por la presencia y la acción evangelizadora de los y las carmelitas, miramos y oramos a Nuestra Señora del Monte Carmelo, a la Estrella de la mañana. Llevar su escapulario, mirarla y orar es nuestra forma de reconocer su mediación, que fortalece nuestra fe y alimenta nuestra esperanza en los momentos de oscuridad.

Recordemos hoy también a las gentes del mar, que tienen como patrona a la Virgen del Carmen; les expresamos nuestra gratitud por los muchos sacrificios, invisibles a los ojos de la sociedad, que realizan a costa de pasar largo tiempo lejos de sus familias. Y oramos por los que han perdido su vida en el mar, y de modo particular por los que mueren en el Mediterráneo, cerca de nosotros, huyendo de África y buscando su seguridad entre nosotros.

Queridos diocesanos, inspirados por la devoción y el filial amor de santa Teresa a Nuestra Señora, hoy miramos y oramos a la Virgen del Carmen, con el ancla de nuestra fe y nuestros ojos puestos en la Estrella de la mañana.

Con mi bendición y afecto.

+ Jesús, Obispo de Ávila

En la época de reservar la matrícula en los colegios e institutos, la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis se dirige a los padres y a los propios alumnos para que se apunten a la asignatura de religión católica. Este año han preparado una campaña de carácter especial, a propuesta de los delegados de Enseñanza de las diócesis, que se presenta en la sede de la Conferencia Episcopal  Española. Recordamos que el 63% de los alumnos españoles eligió estudiar la asignatura durante el curso 2016 – 2017.

Bajo el lema “Me apunto a religión” esta campaña anima a los padres a hacer uso del derecho que tienen a que sus hijos reciban la formación religiosa y moral católica en la escuela, según sus convicciones. Para ello es necesario inscribirles a la clase de religión o que los alumnos estén motivados para que lo hagan ellos mismos.

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Toda la información de este Año Jubilar la encontrarás en www.jubileoteresiano.com

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